ENTREVISTA • ASPASIA (CL): MORIR BAJO PATAS DE ELEFANTES

Foto: archivo de Aspasia.

Contactamos a Milo Kalashnikov aka Aspasia (Santiago, Chile) para conversar sobre su nuevo álbum “Elefante”, lanzado vía Samsara Records. Además, Milo ahondó en sus inicios, discografía, influencias, el spoken word, el anarquismo, la política en Chile y el DIY. | Por Leandro N. 


—Antes que nada me gustaría saber cómo te encontrás en este contexto sanitario mundial. Cómo está la situación en Chile y cómo lo estás atravesando.
—Muchas gracias por la entrevista. Afortunadamente no he tenido muchos problemas producto de la pandemia. Hace poco tuve que cumplir aislamiento preventivo por posible contacto cercano pero afortunadamente el resultado fue negativo. Acá en Chile la gran mayoría ya estamos reintegrados de forma presencial al trabajo, por lo que cada día es una batalla por evitar infectarse. La mascarilla, escudo facial y alcohol gel son ya parte de la indumentaria, la rutina. En lo personal, la ironía de todo este horror es que me permitió dedicarle tiempo a la música. El disco nuevo de Aspasia probablemente no hubiera salido de no ser por la pandemia. Volver a componer fue un pequeño privilegio entre tanta miseria. En Chile el manejo de la pandemia ha sido desastroso, rayando en lo criminal. Claramente hay una estrategia de “sálvese quién pueda”, inmunidad de rebaño en la que los inmunes serán los que pueden acceder a la mejor salud en este país. Es más de lo mismo, los pobres mueren y los ricos siguen enriqueciéndose sobre la peste. Lo que más me acompleja es que se desaceleró el proceso de recuperación nacional que se viene gestando desde la revuelta de 2019. La gente dejó de manifestarse en gran parte por miedo a la pandemia, en un momento en que el gobierno estuvo contra las cuerdas. Acá no podemos culpar a nadie, ya que al final lo importante es mantenerse con vida dentro de una sociedad en la que la muerte es sólo un número en los reportes diarios. El confinamiento no me incomodó mucho, ya que gracias a eso pude volver a dedicarle tiempo a la música, pero la miseria que comenzó a brotar producto de la pandemia hace difícil no estar con un ánimo de mierda la mayor parte del día. Esperar la vacuna es una suerte de quimera, ya que obviamente no estará disponible para todo el mundo.

—¿En qué momento de tu vida conectas con la música? ¿Qué artistas, instrumentos, formatos físicos había alrededor de esos primeros años formativos?
—Bueno, en mi hogar siempre sonó una mezcla entre Canto Nuevo chileno (música creada en la clandestinidad de la dictadura militar chilena) y harto New Romantics (Spandau Ballet en específico), todo aderezado con la música de Los Prisioneros. Con estos últimos me interesé cuando era muy chico, más que nada porque era rock en español. En algún momento cuando tenía 12 años, en una fiesta organizada por mi mamá, se quedó una guitarra que su dueña nunca fue a buscar. Con los años se le fueron cortando las cuerdas, y cuando solo le quedaban dos me interesé y la agarré, tratando de sacar melodías de Green Day y Attaque 77. Ya a los 15 años y durante toda mi etapa escolar me dediqué a escuchar exclusivamente hardcore y punk rock, subversivo y cargado políticamente. Sin Dios y Asamblea Internacional del Fuego fueron bandas de cabecera por aquellos años. También por esos días intenté formar una banda junto con amigos: Patria Muerta. Dentro del repertorio teníamos una canción titulada "Cuervos", que iba en contra de la clase política con toda la verborrea que 4 adolescentes podían vomitar en el escenario. Recuerdo que nos facilitaban el comedor del colegio para ensayar cada sábado durante el año que estuvimos “activos”, y lo más desgastador era acarrear todo el equipo en micro. Una vez acarreando todo para una tocata en el colegio vimos a un tipo cojeando, nos preocupamos y nos acercamos: salimos volando cuando nos dimos cuenta cómo extraía un sable desde los pantalones. La violencia es cotidiana en los barrios más pobres de Santiago, y esa experiencia diaria siempre me marcó en cuanto a la música que me llamaba la atención. Patria Muerta fueron los primeros aletazos en un mar desconocido: cuatro pendejos que sabían tocar menos de lo básico, y muy mal equipados, tratando de convertir en canciones las experiencias de la periferia santiaguina. Recuerdo también que la batería la prestaba un amigo de la banda, aunque sin platillos, por lo que ocupábamos tapas de olla que quedaban en ese comedor como substituto. Éramos muy punkies. Nunca tuvimos una presentación fuera del colegio.

—¿En qué momento personal surge la idea de Aspasia? ¿Cuál fue la búsqueda y de dónde viene el nombre?
—Aspasia nace de la necesidad de hacer música cuando falta el tiempo y la gente. El 2006 entré a la universidad esperando conocer personas con intereses similares pero no encontré ningún músico, al menos ninguno que quisiera tocar punk y experimentar. Yo ya tenía algunas letras que habían quedado de Patria Muerta, y seguía escribiendo, por lo que durante ese año empecé a probar grabar en solitario. El resultado dejaba bastante que desear pero me alegró inmensamente darme cuenta que uno podía grabarse en la (in)comodidad del hogar sin mayor costo económico. El primer demo, que más que nada eran temas pensados para Patria Muerta, tenía una batería grabada al aire, que en realidad era yo pegándole con los dedos a la torre del computador. Ya después adquirí un pedal multiefectos con beats programados. Así tomó forma al segundo demo “La primera muerte y la última revolución”, el cual autopubliqué en un blog de música que llevaba por aquellos años. El nombre en particular surge durante una clase de historia griega, en la cual se nos introdujo la figura de Aspasia de Mileto, mujer de Pericles (denominado burdamente como el padre de la democracia). Se nos aderezó la historia con detalles de la vida personal de Aspasia que más que aportar al debate, parecían farandulizar su rol centrándose en su vida amorosa y gusto por la música. Por aquellos años no era extraño que se minimizara a la mujer en el estudio de la Historia, aunque eso no fue lo que me atrajo a la figura de Aspasia en particular. Me llamó la atención el hecho de que fuera un sujeto histórico olvidado, en las sombras, marginalizada por sus pares e historiadores, de la cual poco se sabe más que los detalles insignificantes de su vida. Aparte me gustó mucho la sonoridad que tiene el nombre.

«Me llamó la atención el hecho de que (Aspasia) fuera un sujeto histórico olvidado, en las sombras, marginalizada por sus pares e historiadores, de la cual poco se sabe más que los detalles insignificantes de su vida».

 
Foto: archivo de Aspasia.

—¿El proyecto comienza por 2006 aproximadamente, y en el tiempo ha tenido distintas etapas: musicales, formaciones, entre otros. Me gustaría que puedas hacer un recorrido sobre esos momentos comentando lo que creas importante de cada uno de ellos.
—Bueno, son casi 15 años así que es un poco difícil entrar en cada detalle, pero en general considero que cada disco encapsula una etapa distinta del proyecto. Los demos de 2006 más que nada buscaban un sonido particular que aún no lograba expresar. Nunca me he considerado un buen guitarrista, ya que me formé principalmente en el punk, pero hubo un tiempo en que empecé a practicar algo de blues y a tratar de pulir un poco la técnica. Esos experimentos fueron incorporándose en la música de a poco, aunque siento que esos primeros demos carecían lo más fuerte que tiene Aspasia que es la atmósfera y la lírica. Ya en 2007 lancé “Dos primaveras y un silencio”, un nombre rebuscado para un disco que más que nada buscaba explorar nuevos sonidos que por ese entonces descubrí de la mano del post rock, principalmente la banda Mogwai. Ya desde antes había empezado a incorporar fragmentos de poemas y películas como una forma de suplir la voz pero en este disco en específico busqué dar un mensaje político claro: antisistema y marginal, coqueteando con el anarquismo. Para mí era hacer otro tipo de punk, que es una filosofía que intento seguir hasta el día de hoy. Por 2009 (si mal no recuerdo), se lanza el segundo disco titulado “El último hombre”, en alusión a la película 1984 y su distopia totalitaria. Se mantiene el mensaje antisistema del disco anterior, aunque esta vez de forma más ordenada en mi opinión. Comienzan a aparecer temas más elaborados en la percusión y algo más duros, incorporando elementos provenientes del post hardcore (por aquel entonces escuchaba mucho Amanda Woodward y Suis la Lune). Fue un disco que considero importante en la construcción estética del proyecto, con señas identitarias y mensajes claros. Gran parte de esto se iría por la borda con el siguiente disco. En 2011 se lanza “La extensión de tu silencio”, quizás el disco más popular de Aspasia para mi sorpresa. Por aquel entonces ya estaba fuera de la universidad y en su mayoría se escribió en el trabajo. Venía saliendo de una ruptura con una pareja de años, por lo que toda seña de mensaje político (al menos gran parte de este) se perdió en función de letras que hablaban de lugares comunes, decepciones que todo el mundo ha tenido en algún momento de su vida. Dos temas en particular destacan y permanecen populares hasta hoy, uno de ellos fue el primero en tener letra de autoría propia: “Los días después de nuestros días”; mientras que el otro fue el primero en el que me atreví a recitar con mi voz: “La rueda que sigue girando después de la catástrofe”. Cabe mencionar que la calidad de la grabación de todos estos discos es paupérrima, por lo que hasta el día de hoy me asombra lo popular que es este disco en particular, al menos entre la gente que sigue el proyecto. En lo personal es un disco que no me gusta mucho, más que nada porque trae a la mente recuerdos dolorosos de una persona que ya no soy. Aún así es un trabajo importante en la historia de Aspasia y le tengo cariño por eso. Tras lanzarse “La extensión de tu silencio” y ver como subía en popularidad, surge la idea de formar una banda para poder tocar esos temas en vivo. Al proyecto se suman Mauricio, Germán y Diego. Con Diego habíamos colaborado en un split con su proyecto Karatekid!, Mauricio era amigo del colegio (bajista de Patria Muerta) y Germán era la pareja de una amiga. La corta travesía de Aspasia como banda dura todo el 2012. Comenzamos ensayando en una salita acogedora que quedaba cerca del Metro Santa Lucía, en la cual el dueño nos decía que con nuestra música se imaginaba en un bar de Valparaíso a las 5 de la mañana, ahogando las penas en alcohol. Buscamos presentarnos en diversas tomas de colegios y universidades sin suerte, ya que no teníamos contacto alguno. Finalmente terminamos tocando en una casa junto a otras bandas de la “escena” en ese minuto, a todo sol y sonando pésimo. Creo que el dueño de casa era integrante de los ahora internacionales Tortuganónima, cabros que le dan duro al math rock. Eventualmente nos cambiamos de sala y retomamos los ensayos, esta vez tratando de sacar en vivo los temas nuevos que ya estaba componiendo. Los temas eran algo complejos. Uno en particular le daba dolores de cabeza a toda la banda, ya que tenía una estructura ajena al típico 4/4, la cual ninguno de nosotros lograba tocar bien. Ese tema era “Prometeo y el Panóptico”, uno de los primeros que comenzaron a surgir para lo que sería el próximo disco, “Entropía”. Nos presentamos solo una vez más, en un café de Ñuñoa (dato rosa: a cuadras de la casa en la que vivía la persona que inspiró gran parte de “La extensión de tu silencio”), en el cual nuevamente no quedamos conformes en cómo sonábamos. Luego los ensayos eran más que nada ir a compartir cervezas y tratar de sacar más temas. Diego y Germán querían componer pero yo en lo personal no estaba de acuerdo con la sonoridad que le daban ellos a los temas. No imaginaba el próximo disco sonando así. Claramente era mitad ego y mitad intentar conservar la esencia de lo que era Aspasia para mí, y ambas nacieron desde el egoísmo. Finalmente disolvimos el proyecto a inicios de 2013, más que nada por falta de interés por parte de los cuatro. Durante ese período comenzó a tomar forma “Entropía”, un disco ambicioso (para bien y para mal) que buscaba juntar 3 EPs que se fueron lanzando desde finales de 2012 bajo una línea argumentativa común: la historia del anarquista Efraín Plaza Olmedo y el contexto social en Chile durante 1912, y un paralelo con las protestas estudiantiles que vivimos durante el 2011 y 2012. La idea era que el disco podía escucharse de 4 formas distintas: los 3 EPs por separado y luego todo junto, dando así una conclusión a la reflexión que planteaba el disco. Al “Entropía” le guardo mucho cariño, ya que supuso el regreso a lado más político de Aspasia, incorporando todo lo aprendido con el disco anterior. Sigue sonando tan mal como los anteriores pero se nota la necesidad de experimentar en todos los temas. Si algún día quisiera regrabar un disco, me imagino que sería ese. Finalmente en 2015 sale a la luz “El dolor fantasma”, un disco que buscó la dirección contraria al "Entropía": desolador en vez de esperanzador y en abierta confrontación con un público que buscaba más post rock y más poesía en un momento en que no me encontraba ni escuchando ni leyendo nada de esa índole. Busqué incorporar elementos que sabía que no encajarían bien con el oyente habitual de Aspasia, como beats (provenientes de un teclado Casio ochentero que aún uso), letras que bordean en el autodesprecio y canciones en las que me atreví a cantar por primera vez (obviando un fragmento del disco anterior). Creo que los temas de ese disco dicen mucho sobre cómo me sentía por aquel entonces, llegando al punto de rayar en la caricatura iconoclasta al invertir la A anarquista solo con el fin de provocar. Esa A invertida terminó convirtiéndose en el logo del proyecto hasta el día de hoy. Es un disco sucio, mala onda como decimos por acá, confrontacional con el público y consigo mismo, que muy en el fondo buscaba acabar con el proyecto. Ya no escuchaba post rock y, por lo tanto, sentía que Aspasia debía llegar a su fin, y así lo fue por algunos años.

—¿Qué referencias musicales y extramusicales conviven en Aspasia? 
—Innumerables. Son muchas. Aspasia es una suerte de sandwich grasiento: una marraqueta punk con aderezo experimental que te comes en el carrito de la esquina. Por nombrar las más importantes: Kortatu, Sin Dios y Asamblea Internacional del Fuego desde el punk rock y hardcore, entregando el mensaje contestatario y políticamente comprometido. Desde el post rock: Mogwai, Explosions in the Sky y Mono, por introducirme a nuevas sonoridades que no requieren a un virtuoso de la guitarra para darles forma. Otras muy queridas e importantes son La Dispute, Touché Amore, The Smiths, Loquero, Escupen Serpientes, Nueva Vulcano, Eterna Inocencia, Tenemos Explosivos, Listener, Extremoduro, American Football, Jesu, Anathema, Soviet Soviet y Human Tetris. También escucho mucha música acústica, la cual ha tenido mucha influencia en la técnica y la lírica. Algunas de mis favoritas son The New Raemon, Kaki King, Pato Patín, Jordaan Mason, Jaakko and Jay, Mis Amigos Muertos, Sun Kill Moon, entre otros. Mención especial a Violeta Parra y Victor Jara por ser parte de la sonoridad que me acompaña desde niño, gracias a mi familia. En cuanto a lo extramusical, partiendo por la literatura, principalmente la obra de Pablo de Rokha y Enrique Lihn, aunque también se han musicalizado poemas de Baudelaire y Stella Díaz Varin. El tema de la poesía depende de cada disco, y no me considero particularmente erudito, aunque me gusta mucho. Inicialmente había mucho de Julio Cortázar pero la verdad es que fuera de Rayuela he leído muy poco de él. Para canciones específicas he tomado conceptos de diversos autores como Foucault, Schopenhauer, Kropotkin, Durruti y los Tiqqun (estos son los que se me vienen ahora a la cabeza). En cuanto al cine principalmente bebo de dos directores que me gustan mucho: David Lynch y Lars Von Trier, aunque las referencias a películas son muchas a lo largo de la discografía. Todo esto le ha significado al proyecto ganarse muchas veces el adjetivo de pretensioso pero la verdad es que más que nada nutro la música de lo que me rodea desde chico. Yo era ese cabro que leía a los malditos y que tomaba cerveza viendo Eraserhead con los amigos. No me considero particularmente culto en cuanto a poesía o cine pero me gusta incorporar expresiones artísticas que disfruto.

«Creo que los temas de ese disco ("El dolor fantasma") dicen mucho sobre cómo me sentía por aquel entonces, llegando al punto de rayar en la caricatura iconoclasta al invertir la A anarquista solo con el fin de provocar. Esa A invertida terminó convirtiéndose en el logo del proyecto hasta el día de hoy».
Portada de "El dolor fantasma" (2015).

—Algunas de las características principales de Aspasia son la inclusión de fragmentos de diálogos de películas y la poesía, la palabra hablada o lo que se conoce como spoken word, a mi parecer un género poco explorado y difundido. ¿Estás de acuerdo con esto? ¿Cómo ves en el tiempo la utilización de estos recursos en Aspasia?
—Totalmente de acuerdo. En un inicio partió como una suerte de muleta en la que me podía apoyar para darle señas identitarias al proyecto. No sé cantar y eso en el punk tradicional es esperable y aceptable pero no para melodías cercanas al post rock. En un principio me avergonzaba mucho de mi voz, por lo que incorporar fragmentos de películas y poemas sirvió para tapar un poco ese complejo. Con el tiempo, cuando comencé a escribir temas propios, ya no había forma de huir de ese problema, por lo que me lancé a la piscina no más esperando lo mejor. Afortunadamente la acogida fue buena y eso me motivó a seguir en esa línea. Después de eso me familiaricé con el estilo de spoken word, aunque la verdad escucho muy poco de ese género, más que nada por ignorancia, ya que no conozco muchas bandas que lo produzcan. En cuanto a la utilización de estos recursos, hoy por hoy los considero parte fundamental de lo que es Aspasia. El detalle es que siento que me coarta a la hora de simplemente querer cantar algo pero no los dejaría de incorporar ya que en lo personal me gusta mucho el proceso de hacer calzar una narración con la música.

—Hablando de spoken word, ¿que otros proyectos conoces en esta línea, de Chile o de otras partes del mundo, que nos puedas recomendar?
—En lo personal disfruto mucho de dos bandas específicas: La Dispute y Listener. Los primeros dieron un golpe durísimo al post hardcore con ese estilo narrativo, en el que el vocalista crea verdaderos audiolibros, con canciones que se referencian entre ellas con el fin de configurar una narración específica. Por ejemplo, el disco "Wildlife" cuenta a través de una persona escribiendo cartas una serie de historias absolutamente demoledoras: desde un tiroteo entre niños hasta enfermos terminales. Son canciones horribles en lo que narran pero absolutamente hermosas en su configuración. Por otro lado Listener, una banda que partió haciendo una suerte de folk punk con poesía propia encima, con temas esperanzadores y cálidos, y que con el tiempo se convirtieron en una banda con un sonido propio y con figuras retóricas sumamente interesantes. Se me viene a la mente "You Were a House on Fire" y "Add Blue", dos canciones hermosas en su composición y que influyeron directamente en un par de canciones del nuevo disco.

—Con respecto a los textos, hay una evidente línea política vinculada al anarquismo ¿Estás de acuerdo con esto? ¿Qué nos puedes contar sobre este condimento especial de Aspasia?
—Efectivamente hay una vinculación potente al ideario anarquista, principalmente porque me formé dentro del punk rock contracultural y antisistema. Esto nace debido tanto a la música que escuché en la adolescencia, como a mis estudios superiores. Todo esto nutrió a Aspasia durante sus primeros años, y si bien el discurso político se ha ido ausentando de los últimos trabajos, es más que nada por no caer en el panfleto barato. Muchos samples usados en los primeros discos provienen de trabajos vinculados al anarquismo, y sigo identificándome con esas ideas, al menos desde la generalidad. En particular hay una trilogía de canciones que intenta abordar el golpe de estado en Chile de1973, utilizando perspectivas desde los sectores más radicalizados y desposeídos de la época (el MIR y los pobladores), llamada “La memoria y el fuego”, la cual encapsula un poco el ideario político del proyecto, al menos respecto a la realidad chilena. De pendejo, Bakunin y Kropotkin fueron autores que leí mucho y que me motivaron a participar del movimiento por algunos años. Si bien terminó por decepcionarme por especificidades concretas, las bases del ideal ácrata se mantienen presentes en la ética de trabajo de Aspasia y dudo que desaparezcan en el futuro. En lo personal me declararía más punk que anarquista pero la música del proyecto indudablemente está vinculada a lo último. El “lema” de Aspasia por muchos años fue una frase de Emma Goldman: “si no puedo bailar, no quiero tu revolución”, frase que sigue guiando al proyecto de una u otra forma hasta el día de hoy.

—En relación a esto, qué opinión te merecen dos momentos recientes en la situación la política de Chile: estallido social (2019) y nueva Constitución (2020).
—El estallido social, o como preferimos llamarlo muchos, la revuelta popular de 2019, representa el fin de la transición democrática chilena. Al final de la dictadura, los partidos políticos de la centro izquierda pactaron transitar desde el autoritarismo a una democracia tutelada, portaliana, en la cual nos formamos por 29 años como consumidores antes que ciudadanos y sujetos políticos. De hecho, el ejercicio de la política se anuló en las comunidades al tiempo que se banalizó en la elite, la cual terminó por retroceder a las castas políticas que teníamos durante el siglo XIX. Factores que explican la revuelta hay muchos, y es irresponsable comenzar ahora a enumerarlos cuando es un proceso que no ha finalizado pero efectivamente, surge de la precariedad en la que la mayor parte del país nos encontramos, con salarios y pensiones de hambre y los bienes básicos privatizados. A todo este contexto le seguía una recuperación del país para la mayoría anónima pero el Estado respondió como siempre lo ha hecho: con sordera y represión. Me parece que somos el país con más traumas oculares en la menor cantidad de tiempo en el mundo, con una policía abocada principalmente a defender los privilegios que les otorga el modelo por ser perros guardianes de una casta política enquistada en el aparato estatal, que se niega a ver los desafíos que plantea el siglo XXI y que al final del día está luchando por no caer en la irrelevancia y desaparecer. Es tanto el nivel de desigualdad en este país, que mucha gente comenzó a hablar del Versalles chileno, en la que una elite totalmente desconectada de la realidad nacional se niega a ver cómo se acercan las pescadoras, cuchillo en mano, al palacio de gobierno. No han rodados cabezas de guardias, menos de políticos, pero si han volado muchos ojos, han vejado a mucha gente en las comisarías (abusos sexuales incluidos), y actualmente están ejerciendo una suerte de guerra química contra los manifestantes, quemando con el agua de los carros lanza-agua. Muy pocos desde el mundo político se pronuncian sobre estos vejámenes, ya que el año pasado pactaron una salida que les acomodaba a todos: el Acuerdo por la Paz. De este acuerdo, pactado entre partidos oficialistas y de oposición, nace el plebiscito por una nueva constitución política (a pesar que esta ya se pedía en la calle desde antes de la revuelta), el cual está gestado de forma que favorezca la representación de los partidos políticos en desmedro de dirigentxs sociales y la ciudadanía en general. La barrera más fácil a superar fue el plebiscito que ya tuvimos, sobre si aprobamos o rechazamos una nueva constitución. El verdadero problema comienza ahora, cuando el mundo político intenta cooptar ese triunfo para asegurar constituyentes, lo cual ha generado que mucha gente comience a volcarse a la calle nuevamente, con todo lo que el contexto de pandemia actual implica. En lo particular, considero que el proceso constituyente era una necesidad que se venía pateando desde hace mucho tiempo (la actual constitución se votó en dictadura, con todo lo que ello implica), pero se terminó gestando bajo los parámetros de una clase política deslegitimada. Ni siquiera tuvieron las bolas de nombrarla en la papeleta como Asamblea Constituyente, lo cual me hace pensar que en realidad no lo es; es muy probable que solo sea un mecanismo creado para perpetuar el status quo, ya que la ciudadanía no tiene manera fácil de entrar a ser constituyente, por lo que lo más probable es que sea redactada por la misma elite que nos gobierna desde fines de la dictadura militar. No obstante en la calle, en las poblaciones, la revuelta sigue viva, quizás alicaída por la pandemia y el plebiscito pero de pie, dando la lucha. Dudo que la nueva constitución resuelva el problema de fondo de la sociedad chilena, el cual finalmente es un problema de clase: unos pocos se llenan los bolsillos a costa de muchos, mientras se depreda un país que no logra industrializarse por falta de voluntad política. Todo esto se adereza con un gobierno que tiene como política violar los derechos humanos y proteger a grupos fascistas que hacen y deshacen al amparo de la policía. No sé en qué terminará todo, pero creo que es necesario no soltar la calle, y sobre todo armar redes comunitarias para enfrentar lo que venga. Somos los de abajo contra los de arriba, aunque nadie lo quiera decir explícitamente.


—Otra de las características son las iniciativas colaborativas con la comunidad que sigue Aspasia. ¿Podrías contarnos en qué consistieron y cómo las llevaste adelante?
—Efectivamente, el proyecto ha tenido instancias de colaboración con la comunidad, específicamente para la producción de “El dolor fantasma”. La idea nace principalmente como copia a algo que hizo la banda barcelonesa Standstill, los cuales abrieron una línea telefónica para que la gente llamara cuando les faltara cariño, respeto y atención durante el 2009 si mal no recuerdo, todo esto en el marco de la producción de su disco “Adelante Bonaparte”. En el caso de Aspasia, la idea era que la gente colaborara con poemas propios y fotografías para dar forma al arte y composición del disco. Poemas me llegaron con suerte dos, por lo que terminé descartando esa idea, pero me llegaron infinidad de fotografías de parte de la comunidad, todas excelentes. La idea era regalar el disco en físico a los y las autoras de las fotografías que salieran electas, pero el disco nunca llegó a editarse en ese formato. Si algún día llegase a salir, esas copias siguen en carpeta, ya que el trabajo de la comunidad me dejó con la boca abierta. Lo raro de ese disco es que fue una confrontación directa al oyente de Aspasia, y sin embargo, fue el que recibió la mayor cantidad de colaboración. Todas las fotografías están disponibles en aspasiarock.wordpress.com, blog actualmente abandonado, pero que queda como vestigio de esa bonita colaboración que surgió desde este proyecto. Espero poder repetir algo similar a futuro.

—"Elefante" es tu último álbum, editado por Samsara Records. A mí parecer, es de lo más ecléctico musicalmente: recorre diversos climas desde la electrónica cuasi bailable pasando por el folk hasta el hardcore punk. ¿Coincides con esta apreciación? ¿Cómo lo ves en lo personal?
—Absolutamente. "Elefante" es una suerte de inversión del disco anterior, “El poder fantasma”. Busca romper un poco el molde de lo que la gente entiende por Aspasia pero esta vez no desde el autosabotaje sino que desde las ganas de componer como se me dé la gana. También es una suerte de tributo a gran parte de la música que escucho hace años, con guiños a canciones específicas de otras bandas. De ahí lo ecléctico, ya que hoy por hoy escucho música de diversos géneros. En “Elefante” conviven desde Futuro Incierto a Chvrches, tomando elementos del spoken word de Listener y la atmósfera del "Cody" de Mogwai. En lo personal lo considero una suerte de comeback, ya que Aspasia se encontraba efectivamente muerto hasta el año pasado, cuando me decidí a retomar la guitarra. Me gustó mucho cómo quedó en general. Se desecharon muchas letras y temas en el proceso, pero por lo mismo encuentro que es un disco que no tiene relleno. Todos los temas tuvieron la misma atención.

—¿Cuál es el concepto del álbum? ¿Que representan las letras, la portada y el nombre?
—Me encanta la idea de no explicar de qué se trata este disco, con la finalidad que cada persona pueda interpretarlo como quiera. Soy consciente que a estas alturas es un cliché monumental pero prefiero no explicarlo como si fuera una cátedra. Lo que si puedo contar es que el disco posee una historia con principio y final, que las canciones están interconectadas, y que la historia por debajo del disco es más bien oscura. Dejémoslo en que hay un muerto que ronca y sueña una vida que no fue, ya que como Fred Madison le dice a la policía en la película Lost Highway (1997) “prefiero recordar las cosas a mí manera, no necesariamente como ocurrieron”. Desde un inicio la idea fue generar algo que rayara en lo surrealista, inspirado principalmente por el trabajo de David Lynch en la tercera temporada de Twin Peaks (2017). El disco a grandes rasgos habla sobre cada persona que llega a esa etapa en la vida en que la falsa estabilidad se cae, y todo parece irse al carajo. Se cae el pelo, se va la vida en trabajos de mierda, las parejas se agreden y dañan, se rememora la infancia solo para darse cuenta que lo pasaste pésimo, y el tiempo sigue pasando como un elefante, torpe e indolente. Es un disco para gente vieja, si me perdonas la caricatura, ya que toma temas como el desempleo, la violencia entre las parejas, la farsa que te venden en la escuela si vienes de un barrio marginal, y el constante impulso de no hacerse cargo de los errores propios. La portada la hizo Pilar Figueroa, artista visual que se especializa en grabados preciosos. La encontré buscando artistas gráficos que quisieran crear la portada del disco y fue la primera y única que contacté. Un retrato en específico, de su padre, me dio a entender que su sensibilidad encajaba perfecto con lo que quería plasmar en la música y el arte del disco. Trabajar con ella fue sumamente gratificante ya que siento que tanto la música como el arte se nutrieron mutuamente. La inspiración la sacamos del cuadro de los elefantes de Dalí y de la araña que recorre la ciudad en la película Enemy (2013), de Denis Villeneuve. 

—Me gustaría que nos cuentes sobre el proceso creativo de "Elefante". Cómo lo trabajaste y si hubo alguna particularidad con respecto a otros álbumes.
—Es difícil describirlo, ya que es un disco que nació casi por accidente. Tras “El dolor fantasma” Aspasia se encontraba efectivamente muerto. A eso se sumaron un par de años en los que estuve con algunos problemas personales que no lograron traducirse en música, por lo que ya estaba dando por etapa superada este proyecto. No obstante, durante 2019, me vi escribiendo letras nuevamente sin un norte en particular. Ya tenía la idea de revivir Aspasia desde finales de 2018 pero la verdad no tenía nada más que decir, hasta que el año pasado me empecé a relacionar con gente nueva y conocer otras realidades, las cuales fueron nutriendo nuevas canciones. Ese fue el catalizador para lanzarme a escribir nuevamente. El primer tema que compuse fue "Elefante", el cual ya tenía escrito en gran parte desde finales de 2018, y desde ahí me puse a conceptualizar el álbum, el que vería dos versiones distintas hasta llegar a la final. La primera tiene muchas letras que descarté por parecerse mucho a Tenemos Explosivos en cuanto a lírica y estructura pero rescaté ideas que llegaron al disco final. La segunda tirada de letras era demasiado oscura, tocando temas que la verdad no me sentía cómodo en explorar explícitamente en un disco pero muchas de esas ideas perduran como subtexto en el trabajo final, solo que hay que inferirlas. Luego llegó la pandemia como excusa macabra para sentarme a componer con todo el tiempo del mundo. Tenía una letra que escribí durante gran parte del 2019: “Mala Estrella”, la cual musicalicé y lancé a través del canal de YouTube del proyecto en mayo de este año, y desde allí comencé a darle forma al disco. Si bien el concepto estaba claro desde antes, no tenía idea sobre qué música encajaría bien con las nuevas letras, por lo que me lancé no más a componer lo que se me diera la gana, sin preocuparme si había poco post rock o si esta vez no había poemas de autores y autoras reconocidas. Este año también adquirí nuevos equipos de grabación (gracias a la plata ahorrada por no tener que tomar locomoción colectiva, cara positiva del teletrabajo), por lo que “Elefante” significó aprender a grabar de una nueva forma y el resultado creo que se nota. Es el disco que mejor sonido tiene, gracias en gran parte a que fue masterizado por Felo, sonidista e integrante de Samsara Records. Y ya mencionando a Samsara, no puedo dejar de destacar el apoyo y motivación a crear que viene desde este sello, el cual fue fundamental a la hora de decidirme a editar un nuevo disco. También menciones especiales a Estudio Camus y Estudio Budó, por invitarme a tocar previo al disco y permitirme reconectar con la forma de hacer música que ya estaba dejando atrás. Mis respetos para todos ellos.

«El disco ("Elefante") a grandes rasgos habla sobre cada persona que llega a esa etapa en la vida en que la falsa estabilidad se cae, y todo parece irse al carajo. Se cae el pelo, se va la vida en trabajos de mierda, las parejas se agreden y dañan, se rememora la infancia solo para darse cuenta que lo pasaste pésimo, y el tiempo sigue pasando como un elefante, torpe e indolente».

Portada de "Elefante". Artwork: Pilar Figueroa.

—¿Hay otros proyectos relacionados que ayuden a sostener económica, artística y/o espiritualmente a Aspasia en el tiempo?
—Económicamente no. Ni siquiera Aspasia es un sostén económico y la verdad me acomoda que así sea. No es trabajo ni hobby, si no que más bien constituye un refugio en el que poder vomitar sentimientos para mantener la sanidad mental. No me dedico a la música de profesión, ya que de partida no me considero músico. Uno de los miedos de regresar con Aspasia era precisamente que la era del lo-fi grabado en casa ya se acabó (aunque el auge del trap casero tiene un contrargumento de peso), el post rock ya es un género en retirada, y el rock en general ha muerto dentro del mainstream. Retomar Aspasia significa volver a reencantarse con el underground virtual, en un entorno en que hay más difusión y proyectos con mejor calidad que este pero al no estar atado económicamente a la música puedo crear lo que se me de la gana y la verdad esa sensación es impagable. Existe un proyecto paralelo a Aspasia que llevaba incluso más años muerto, en el cual me encuentro trabajando ahora. Situación de Calle nació alrededor de 2013 bajo la influencia principal de Pato Patín, pero de eso edité un solo demo que no me dejó nunca conforme. Ahora la idea es sacar un EP para ver si hay algo que explorar allí o no.

—¿Cómo te llevas con el DIY? ¿Cuán importante es esta forma de hacer las cosas para Aspasia? 
—Básicamente me formé dentro del hazlo tú mismo. No concibo otra forma de generar arte, ya que la línea es delgada entre algo que nace desde el barro y algo que es manufacturado desde arriba. El debate sobre la “autenticidad” de la música es eterno, y prefiero de momento no meterme ahí, pero siempre he tratado que mi música circule al margen del establishment. No creo en las historias de superación, por lo que no me veo a futuro una entrevista en la que le tire mierda a mis discos antiguos solo por sonar mal, desde el podio que me entregó una multinacional. Tampoco creo que las multinacionales se interesen mucho en la música que surge del underground hoy por hoy, salvo excepciones más vinculadas hoy en día al hip hop. La música para mí se crea desde la necesidad de decir algo, y el cómo lo digas ya es trabajo tuyo. Si a la gente le gusta, bien; y si no le gusta, bien también, porque uno crea a partir de necesidades personales, de la obligación de exorcizar demonios. Si tu producto vende, bien por ti, pero la génesis de todo trabajo surge desde la necesidad de que ciertas sensaciones trasciendan más allá de uno mismo. La música tanto como la poesía pueden ser muestras tanto de un narcisismo extremo o un escape necesario a la rutina. Depende tanto del autor como del auditor. Ahora esto viene de alguien que no vive de la música, por lo que mi visión está viciada desde antes. No veo maldad en poleras o parches de bandas, pero si me molesta cuando el establishment coopta ideas que vienen desde la marginalidad, volviéndolas mercancía barata, desangrando sus discursos para venderte un producto. Básicamente me apesta cuando ricos se ponen a hacer música de pobres. El DIY es básicamente el ethos que nos legó el punk rock y creo que cada artista acarrea consigo algo de eso. Hoy por hoy me llama mucho la atención cómo jóvenes ya no dependen de instrumentos fuera del presupuesto familiar para componer música. El rap y el trap hecho en casa hoy en día son la nueva contracultura, los que tomaron la antorcha del DIY para crear sin barreras, armados solo con el computador que usan para estudiar o trabajar. Como viejo punky me llena de emoción ver esos proyectos nacer de la nada, llenando las plazas y gimnasios de colegios. El punk nunca murió, los que morimos fuimos los punkies, pero llegaron otros a tomar lo que dejamos tirado en el camino. Las nuevas generaciones abrazan más la contracultura que nosotros, porque hoy hay más herramientas a la mano que las que hubo antes. En lo particular, considero que Aspasia nunca abandonará sus raíces DIY, ya que la verdad no conozco ni me interesa otra forma de hacer música. Mención aparte la enorme cantidad de gente que apoya el trabajo independiente de una forma u otra: gestionando fanzines, tocatas, sellos y distros o bien simplemente escuchando y apañando a otras personas que tienen algo interesante que aportar a la música. Ellxs son lxs verdaderxs héroes del Do it yourself.

—Luego de casi 15 años, ¿Cuáles son tus anhelos con Aspasia? ¿Hasta dónde te gustaría llegar?
—La verdad no lo sé. Aspasia nace de la necesidad, y mientras siga esa necesidad, seguirá saliendo música. Anhelos económicos no tengo, ya que me da libertad para crear lo que se me de la gana. Tampoco visualizo a Aspasia sonando en la radio mainstream, ni siendo la sensación del verano. La música que hago no apunta hacia ese lado, sino más bien a lxs que están fuera del margen, a la deriva. Voy a seguir haciendo música en la medida de lo posible, independiente si hay interés o no, ya que es mi forma predilecta de sacarme la mierda de encima y retomar el control hasta hundirme en el próximo mierdal. Nunca imaginé que Aspasia duraría 15 años, es una locura. Tampoco imaginé que hubiera gente a la que le agradara la música que hago; nunca pensé que temas como “Los días después de nuestros días” seguirían vivos 10 años después. Aspasia es el sandwich del carrito de la esquina, y mientras tenga hambre, seguiré yendo a buscar comida allá, obviamente mientras haya algo rico o interesante que comer. Me gustaría poder reeditar en físico los discos viejos, ojalá poder regrabarlos. También me gustaría poder tocar en vivo decentemente los temas de este proyecto pero lo veo muy difícil más que nada por tiempo. Por ahora me gustaría que la gente escuchara “Elefante” y tratara de descifrarlo. Me gusta esa música tipo puzzle y traté de hacer algo así con el nuevo trabajo. 

—Milo, muchas gracias por tu tiempo y predisposición, ¿algún mensaje final o algo que no pregunté?
—Primero que todo gracias por la entrevista. Nunca tuve la oportunidad de hablar sobre este proyecto que me ha acompañado gran parte de mi vida, hasta ahora. Gracias también por el trabajo que ustedes hacen, sacando a la luz proyectos en medio de la era de la sobreinformación. Creo que hoy es más difícil que antes encontrar música debido al torrente de novedades que nos empapa a diario. Agradecer también a la gente que sigue el proyecto desde sus inicios, por el aguante y el interés, así como a los que se han ido sumando. Ojalá que “Elefante” sea de su agrado, ya que es un disco que me entretuve mucho creando. Agradecimientos también a Samsara Records por el apoyo y la difusión, a Estudio Budó por esa hermosa Sesión Bushido que realizó a comienzos de este año, en medio de la violencia estatal, la cual pueden encontrar en su canal de YouTube, y nada, invitarlos a escuchar “Elefante”, disponible en YouTube, Bandcamp y Spotify, e invitarlos a seguir buscando música independiente, ya que hay maravillas enterradas bajo toda la mierda que vomitan los medios masivos. Vivimos dentro de un sueño, morimos bajo patas de elefantes.•
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