REVIEW | KYORI - TODA ESA DISTANCIA



 "Toda esa distancia" es la primera colección de material del trío formado por Lorenzo Schiavo (batería), Federico Segura (bajo y coros) y Juan Godfrid (guitarra y voz). De todos modos, cuando la banda comenzó a presentarse en vivo en diciembre de 2018, eran varios los años de experiencia con los que sus miembros ya contaban: Juan y Federico tocaban juntos en Malviaje, y Lorenzo es integrante de Kjjjjjjjjj (quienes también publicaron una placa recientemente). Casi una decena de fechas compartidas por Kjjjjjjjjj y Malviaje en 2016 y 2017 en distintos puntos de C.A.B.A. y la provincia de Buenos Aires fueron contribuyendo a la química que hoy se puede escuchar entre los tres músicos hoy en Kyori. "Toda esa distancia" toma su nombre de la letra de uno de sus temas adelanto, pero además puede considerarse homónimo: kyori, con acento en la o, significa distancia en japonés. De hecho, la lengua y cultura nipona forman una parte importante del ADN de la banda: sus primeras dos canciones fueron estrenadas el año pasado con sus títulos en forma de kanjis y “NRT / RJAA” son los códigos del Aeropuerto Internacional de Narita.



Cuenta Steve Howe que, al preguntársele por la música de Yes, Bill Bruford solía responder que "parte de ella es rápida y parte de ella es lenta"; más o menos eso es "Toda esa distancia". ¿A qué suena el disco? Un poco a math, un poco a pop, un poco a metal. Si tal cosa existiera, un hijo entre las estadounidenses MUNA, los peruanos Wanderlust y los argentinos Ostende se parecería bastante a Kyori. “El camino” abre el álbum y resume mucho de lo que se escuchará más tarde. A pesar de su brevedad, hay estrofas, una sección serena, un frenético solo de guitarra y hasta algunos cambios de métricas llegando al final. En particular, atrapa la batería, suelta y juguetona como la de Mark Guiliana en "Mehliana". Por su parte, “En un sueño” suma a su versión de 2019 una nueva estrofa a cargo de Facundo Fritzler, cantada con la misma emoción e intensidad con que lo hace en archipiélagos. Más adelante, el baterista Tato Zambetti (Puerto Austral) y el guitarrista Diego Fraga (también de Puerto Austral y archipiélagos) aportarán al carácter inocente de “Hangares” mediante sus coros y metalofón, un instrumento con el que colorean las composiciones más sugestivas de su banda.

Hay un valor adicional en dos de las colaboraciones del disco. En “NRT / RJAA”, cuya primera mitad es quizás el minuto más animado y optimista del disco, cuenta con la participación de María Hourquescos, con quien Lorenzo compartió varios años en Del Lobo. Después de que los músicos calman su ritmo, se puede escuchar la dulce voz de María en una sección estimulante que recuerda a “Lightning song” y demás intervenciones de Lee Douglas en Anathema. Y luego está Ezequiel Gaspar, guitarrista de Nadie Nunca Nada y socio de Federico y Juan en Malviaje. Aquí, Lorenzo replica en su hi-hat el riff a la Malviaje con que Ezequiel y Juan empiezan y terminan “Nos veremos de vuelta”. Mención aparte merece la sentida sección inmediatamente después de que acaba el estribillo. Crece lento pero seguro y es uno de los momentos del disco en los cuales el rol de Federico resulta protagónico: no se trata de la línea de bajo más intricada, sino que notás lo fundamentales que son las notas fundamentales a veces. Sin esos graves, la sección probablemente no movería de la misma manera.

Una vez que ésta finaliza, "Toda esa distancia" se transforma en otra cosa. Los Kyori le dicen sayonara a las voces y al Mi mayor (y su relativa menor) de las anteriores canciones y se abocan el último tramo del viaje. El primer elemento distintivo de “LAX” es el bajo distorsionado de Federico. El segundo es el ostinato de Juan, que lamentablemente en un momento se esfuma tras trascender la velocidad del sonido. Es como una versión moderna de “On the run” de Pink Floyd, como una cruza entre esa pieza y algo de Koi no Yokan de Deftones. Un respiro tras las explosiones de “LAX”, “Sala de embarque” se nutre de la calidez de los acordes, arpegios y armónicos de los dedos del santafesino Gabriel Schubert, guitarrista de forestar (y el responsable del arte gráfico del disco basado en diagramas de un tal Péter Kaboldy, ingeniero mecánico húngaro). La inquieta sección final es una última oportunidad en la que Lorenzo se apropia de la atención de quien escucha, alternando ritmos entre el querido 4/4 y el perverso 11/8, y deslizando uno o dos tresillos en el redoblante. Y el disco termina.

Sesión fotográfica en el Jarín Japonés, CABA, 2019. Foto: facebook de Kyori.

¿Qué tiene de especial "Toda esa distancia"? Muchas cosas. Por empezar, es un disco con features en la mayoría de las piezas, algo raro en el rock pero muy frecuente en otros géneros como el hip-hop, el trap y el reggaetón. Por otra parte, sus canciones dan a conocer por primera vez los dotes de Juan Godfrid en las seis cuerdas (en Malviaje tocaba la batería). A su manera, el álbum parece también simbolizar una historia. “Nos veremos de vuelta” podría entenderse como una despedida: las últimas palabras en la canción son las últimas en el disco, que luego cambia de tonalidad y se torna instrumental, ¿alguien despidiéndose y emprendiendo un regreso? Quizás, la desquiciada naturaleza de “LAX” representa la abrumadora cantidad de sonidos, luces y movimientos a toda hora en un aeropuerto (el de Los Ángeles, por ejemplo, es uno de los cinco con más tráfico según el Consejo Internacional de Aeropuertos). “Sala de embarque” es considerablemente más tranquila, pero la inestabilidad métrica durante los segundos finales quiebra con esa calma y remite a la impaciencia, el miedo o la duda que muchas personas sienten cuando están a punto de abordar (y dejar a otra persona por un tiempo o para siempre).

Que se oiga a un avión despegar al finalizar el disco podría querer decir que el vuelo fue tomado...o no: después de todo, el ruido se va extinguiendo. Así, incluso la forma en que concluye "Toda esa distancia" invita a la interpretación. Quizás es un final feliz (con los protagonistas a los besos), quizás es un final amargo como el contexto de esta reseña (con los protagonistas nuevamente distanciados hasta que se levante la cuarentena). Así que, ¿es "Toda esa distancia" una obra conceptual? ¿Es un disco sobre viajes en avión a otros continentes lanzado en tiempos de encierro? Quién sabe. A lo mejor es simplemente una provocación de parte de los Kyori.-

▶️ Reseña: Sebastián Pratesi.
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