CRÓNICA | TTNG EN BUENOS AIRES: ANIMALES DEL MATH

▶️ Fecha: Jueves 16 de enero de 2020.
▶️ Lugar: Niceto Club, CABA.
▶️ Bandas: TTNG, Forestar y Archipiélagos.

TTNG. Foto: Gonzalo Marrón.

Comenzando desde el título de esta crónica, recurro a interminables recursos para tratar de explicar con palabras lo vivido el jueves 16 de enero con la tan esperada visita de los oriundos de Oxford, Inglaterra a nuestras tierras. Más aún luego de los inconvenientes que la banda sufrió en Perú (N. del E. El show estaba programado originalmente para el lunes 13 de enero), donde prácticamente nuestros sueños de sentirlos en vivo aguardaron con ansiedad a que todo llegue a buen puerto y que, pasada su noche en el festival organizado por el sello Ladrido en Chile, sea el escenario de Niceto Club el que los reciba junto a nuestros corazones.

Pero antes de transmitirles lo presenciado, quiero hacer un debido y correspondido “chapeau” hacia toda la crew de Anomalía Ediciones, quienes pudieron resolver en dos días lo organizado durante tres meses para asegurar el show y cumplir con la gente que ya contaba con su entrada viniendo desde todas partes del país, e incluso, de países limítrofes, con su propia historia de vida. No se puede pasar por alto el deplorable contexto económico que hace de la devaluación de nuestra moneda una mochila de plomo para que las bandas extranjeras puedan venir a tocar a nuestro país con valores que rondan los U$$ 300 (1800/1900 pesos) o más aun dependiendo el arreglo con la productora y/o empresario que haga su quintita.

Es por eso que tampoco se puede obviar el incansable y profesional trabajo de Anomalía desde todo punto de vista. Desde aquel 2014 con las primeras fechas y la idea de formar un colectivo dentro de bandas emo/math local, a tener en sus arcas cincuenta trabajos editados; como también “Growing Aside”, el primer documental de math rock mundial y haber llenado un local como Niceto contra todos los pronósticos, contratiempos y bolsillos pinchados. La calidad en las producciones y el alto nivel musical de las bandas que lo conforman, ya los coloca uno de los colectivos referentes de la escena math de toda la región.

Ya adentrados en la expectativa y manija, tuvimos el placer de presenciar un set perfecto de la mano de Forestar, banda rosarina que ya dejó de ser “revelación” y está pisando fuerte a nivel nacional gracias a la calidad e impronta que aportan a un género tan ecléctico y complejo como el math rock. Desde la disposición de contar con dos virtuosos guitarristas como lo son Gabriel Schubert y Genaro Carranza, hacen de su música un pasaje de historias relatadas en arpegios y tapping que se entrelazan a la perfección. Eso se expresó desde “Franfur”, canción que eligieron para abrir la velada y que también abre su primer Ep, editado en abril del 2019. Ahí nomás pegadita, sonó una de las más queridas por el público, que rápidamente iba colmando la sala. “Lo último que se pierde”, segundo track del Ep, la cual cuenta con un “susurro” de Gabriel que nos devuelve un poco de frescura necesaria. Es en esta canción donde ya en ambiente, no podemos dejar de mirar a Jonathan Gómez quien desde la batería no deja espacio sin rítmicas versátiles y originales que complementa siendo el marcapasos del trío. Todo eran aplausos y gratitud cuando al viaje de las visuales anómalas, se acoplaban “Marzo temprano” y “Lo mismo ayer”, ambos singles editados en 2019 y 2020 respectivamente, donde resaltan la experimentación y sonidos ambientales, culminando con “Infinito punto rojo”, canción donde despliegan toda su artillería y la cual les recomiendo para conocer el sonido Forestar.






Pisando las 21:20, archipiélagos comenzaba a subir al escenario. Hablando desde el cuore, recuerdo que allá por el 2015, en mi amado barrio de Morón, veía por primera vez en vivo a los archis en una de las tantas fechas del recordado “Ciclo No Nómade”, junto a Malviaje y alguna banda más. Recuerdo quedar maravillado con esos pibes que combinaban emo, hardcore y ese math tan de ellos. Recuerdo no volver más a mi casa después del laburo sin escuchar al menos un tema de ellos, y lo mismo para arrancar los días. Han pasado casi 5 años, dos split, dos Ep y un Lp desde aquella noche donde, no solo los conocí musicalmente, sino que fue aquella noche donde descubrí que había una nueva generación de pibxs dedicados a experimentar sonidos que habían quedado desplazados por el mainstream o que solamente era exclusivo para músicos del palo y melómanxs, pero que, a su vez, venía de la mano de la postura “Do it yourself” propia de la escena hardcore punk y emo de los años ’90 y que se había expresado en nuestro país por primera vez con unos tales Fun People, zines y acción directa por parte de sellos y editoriales independientes.

Pasaron casi cinco años y lejos de haber quedado solo en una foto, archipiélagos logró girar por México expandiendo redes y el año pasado han sacado el mejor disco nacional del año, posicionándose como la banda referente en nuestro país. Pasaron cinco años y estaban ahí, compartiendo el escenario con Tim Collis, compositor original de una de las biblias del math. Pasaron cinco años y en esas tablas donde han explotado leyendas, sonaba “Tierra del fuego” con un sonido casi calcado de estudio, seguido de “Rapa nui”, ambos de su Lp homónimo, en el cual como ya hemos mencionado en un post anterior, siguieron la línea de en Ep antecesor “Germantes” en el cual lograron un quiebre hacía canciones más armadas desde la armonía emo y donde Facundo Fritzler se ha lanzado definitivamente a ponerle voz a tantos matices que ofrecen a la hora de intercambiar de tempos en el momento indicado.

Y si hay algo que suena hermoso desde ellos, es cuando rememoran en vivo piezas tales como “Minet”, aquella ya convertida en himno que conoció la luz en aquel recordado split de 2015, en colaboración junto a Hungría y Dislexia Free, bandas pioneras del género a nivel nacional. Cuando hablo de hermosura, no es solo por lo magnífico de su interpretación, sino por lo que se percibía en el aire y lo reflejado en abrazos, sonrisas, lágrimas y ese pequeño, pero sentido pogo al que nos animamos a bailar desbordados de alegría al igual que en “Parte I” cantando al unísono que “todo es mejor si estamos juntxs”, entendiendo a esa hermandad como camino de independencia y de continuar superando barreras, con lo que es implica en una sociedad como la que sufrimos hoy.

El set archipiélago continuó con “Gran canaria”, donde destaca la armonización de las cuerdas de Fritzler y Diego Fraga, en conjunto con la siempre contundente y precisa pared de graves del bajo de Brian Duffau, para luego cerrar con “Nunavut” y una exhibición de Sebastián Ayala, el cual no deja de sorprender con su prodigio oído y su versatilidad para componer fraseos desde el jazz hacia el post-hardcore (con lo que eso implica) y haciendo de la batería una protagonista constante, como lo es necesario en el math rock. Emotiva y celebrada presentación de los archis, quienes dejaron prendido fuego todo para el gran cierre de la noche. Lo que vino después fue, literal y sinceramente, ÉPICO.









¿Qué decir cuando es el público es el que “abrió” la noche? Si, así fue cuando en medio de la ferviente arenga, todxs al unísono coreábamos en esa manera tan argenta de cantar toda melodía el famoso “paparabap ba” con el cual termina “Chinchilla”, primer tema de Animals, disco que hace una década hizo un hito en la historia del math y, por supuesto, a la carrera de TTNG. Si, los malditos This Town Need Guns, más ingleses que manejar por la derecha, estaban (por fin) en escena. “¡We made it!”, fueron las primeras palabras de Henry Tramain, voz y bajo de la banda, quien al instante agradeció en nombre de todos la gestión de anomalía por hacer esto posible, y al público quien a pesar de la reprogramación asistió masivamente ocupando un 90% de la capacidad. Palabras más, palabras menos, un enriedo de alaridos y, ahora sí, el característico arpegio de Tim Collis y el fraseo de la batería de Chris Collis que dan comienzo a “Chinchilla” y un impecable show de principio a fin.

Recorriendo casi todo “Animals”, TTNG ha dado una cátedra de math/pop para alquilar balcones. Si bien es verdad que desde la primer banda el sonido fue equilibrado, claro y sin problemas técnicos, lo que suenan los ingleses es de otro planeta, principalmente porque al ser un género tan virtuoso, muchas veces hay tramos donde no se aprecian ciertos sonidos como en el disco de estudio, pero este no fue el caso. Fuimos esperando oro y nos volvimos con diamantes bañados en oro. Y esto se traslada tanto al sonido instrumental, como en la nitidez de la voz de Tramain, quien muchas veces fue apuntado erróneamente como un “mal cantante” por la prensa especializada, cuando a mi parecer ese estilo de “desganado” matiza perfecto en las canciones y es melancólicamente perfecto cuando levanta los agudos.





Quien lea esto y recuerde el momento en que sonó “Baboon” estará de acuerdo conmigo de que fue una de las mejores versiones en vivo vistas y escuchadas de todas las que podemos encontrar en los registros de la banda y lo mismo con “Pig”. Quizás, haya sido la misma emoción que aún siento, pero la energía transmitida desde abajo hizo que el trío se haya soltado a romperla con riffs que sorprendieron a más de unx de quienes a boca abierta y ojos espejados, disfrutábamos maravilladxs.

Hubo algo que se repitió durante toda la noche. Y fue el constante intercambio de la banda con el público. Sé que estoy siendo reiterativo, pero hace mucho tiempo que no sentía vibrar tanta gratitud en un show. Gratitud recíproca entre la banda y nosotrxs, pero también hacia la organización. Gratitud entre quienes en menor o mayor tiempo/medida apoyamos y asistimos a eventos auto gestionados sabemos que llevar a cabo todo ese trabajo es muy pesado y la mayoría de las veces se sale perdiendo, si de dinero hablamos. Pero todo vale la pena cuando el resultado es un capital cultural y sentimental que escapa al cauce material.

Lo que si no se repitieron en la noche, fueron los sonidos. Estamos de acuerdo de que TTNG es una de las bandas que marcaron una etapa en el sonido math, pero quienes siguen de cerca su carrera, saben muy bien que desde su primer Ep “TTNG” (2008), pasando por el mencionado "Animals", su segundo Lp “13.0.0.0.0” (2013) y la ida de Stu Smith, la banda en formato trío ha mutado su sonido hacia una veta más pop/indie que permitió llegar a otro público, definiendo en su último disco de estudio “Disappointment Island” (2016) el sonido característico que ya conocemos y con “Whatever, whanever” sonando en vivo, fue imposible no bailar y cantar. Al igual que con “Car Fantastic” en el que se vivió uno de los momentos más perfectos del set.

Dicen que nada es eterno, pero que en lo efímero podemos ser muy felices, y aunque podríamos habernos quedado hasta que salga el sol escuchándolos, llegó el final con “26 is dancier than 4”, clásico de su primer Ep, con la audiencia entera con la emoción a flor de piel rompiéndose las manos con aplausos. No hubieron bises, pero si el placer de poder llevarse fotos y autógrafos de los integrantes de la banda momentos después de finalizar el show. Hemos presenciado una verdadera celebración a la altura de las circunstancias. Somos testigos de que la escena math está más fuerte que nunca en la región y que no es una moda pasajera del momento. Se están escribiendo páginas de una historia que crece paso a paso y somos contemporáneos por suerte. Esto es ahora.-







▶️ Crónica: German Ponce.
▶️ Fotos: Gonzalo Marrón.
▶️ Galería de fotos completa.