CRÓNICA | FESTIVAL MUGRE O MUERTE #16: CELEBRACIÓN DE LA PERIFERIA INCLASIFICABLE

▶️ Fecha: 14 de diciembre de 2019.
▶️ Lugar: Otra Historia Club Cultural, CABA.
▶️ Bandas: CSCOT, Los Nombres del Agua, Turba, Carne, Cadáver Exquisito, Cabeza de Niña, Cuco, Cautiverio, Funerales y País Terror.

Leito VozdelMudo de Cuco. Foto: GottesdeBaires.

El trío platense Cuco celebró sus 15 años de música y autogestión con un despliegue a 2 escenarios, donde sumaron a nueve proyectos de alto calibre y riesgo sonoro. A continuación, un resumen banda por banda.

CSCOT (Cheating Spouses Caught On Tape): O mejor dicho, “Sinfonía para guitarra eléctrica y destornillador”. Porque lo inesperado, lo sorprendente es propio de este ultra prolífico proyecto de Fer Suarez. Solo él sabe lo que va a salir de ese instrumento, y la forma en que lo va a hacer para que nosotros lo recibamos sin preámbulos innecesarios. Esta vez el ambiente se vuelve un agujero negro de sonidos que parecen provenir del mismo infierno, esa guitarra sí que está sufriendo todas las torturas posibles para llegar a lamentarse y aullar de esa manera. De la manera menos ortodoxa posible, ese maligno destornillador lastima, se mete dentro de la herida y se retuerce adentro, sobre un fondo repetitivo que hace aumentar la ansiedad y la angustia, agregándose capas y capas hasta límites que casi superan lo soportable, realmente parece que la guitarra pide clemencia. Y aunque parezca imposible, y sin darse cuenta, uno se encuentra marcando un ritmo con el pie, encontrando una melodía que viene y se va, como un trance orgásmico de sonido, que es dolor y suavidad al mismo tiempo. La belleza no está asociada a lo que históricamente se entiende, o se quiere imponer como belleza. Acá en este caos, aunque duela, la hubo en su mejor expresión. Es que es así, el dolor está muchas veces tan cerca del placer.


Los Nombres del Agua: Batería, teclados, guitarra, muchos pedales, dos micrófonos. Y solo dos personas para todo eso. Cuando se quiere hacer no hay impedimentos. Y este dúo bien lo sabe. Facundo Semerena en la bata, que no solo marca el tempo con extrema precisión, sino que se da el lujo de crear ambientes, matices y arreglos asombrosos. Y Catalín Munteanu en todo lo demás: creando melodías con la guitarra y con los teclados, que va grabando en vivo y tocando encima de eso otros arreglos con diferentes sonidos, grabando también su propia voz con un micrófono creando una cacofonía de voces que cantan, recitan, dicen, y callan, porque acá el silencio es un instrumento más. Se nota que a pesar de que obviamente hay una estructura (complicadísima a veces), dejan que su imaginación vuele en el momento. Parece mentira que se escuchen tantas cosas al mismo tiempo con solo dos personas tocando, y tocando todo ahí, sin nada pregrabado. Ella parece no cansarse nunca de cambiar de instrumento todo el tiempo, tocando incluso varias cosas a la vez, como una usina de sonidos, ambientes y palabras. Uno sigue al otro, en una correspondencia auditiva y visual que dan ganas de volver a repetir pronto la experiencia.



Turba: Varias referencias musicales vinieron a encontrarse ante esta propuesta. Sentí como si el primer TTM chocara de frente con Lydia Lunch y Siouxsie en la sala de ensayo de The Birthday Party justo cuando Nirvana empieza a hacer sus primeras andanzas. Pero todo eso sonando nuevo, ahora, con una urgencia (no necesariamente urgencia es velocidad) que se lleva por delante lo que sea que esté enfrente. El espíritu punk bien entendido se hace presente en este cuarteto de chicas que quiere hacerse oír, y lo hacen. Un par de inconvenientes con el sonido que provocaron algunos problemas de sincronización no hicieron que decaiga nada, en ese momento esos detalles no importaban, porque la energía era tanta que tapaba todo problema extra que pudiera aparecer. Banda súper interesante, para seguir.




Carne: Dúo que remite inmediatamente (al menos a quien escribe) al mejor Alan Vega, pero muchísimo más oscuro y grave, con un cautivante swing sinuoso, donde la batería electrónica sirve de base para que bajo y guitarra creen una pared electrificada de distorsión, un cantante con un registro furioso y melódico, como (vuelvo a las referencias) si en el primer Sisters of Mercy (el de Alice o The Reptile House) se hubiera metido a cantar Iggy Pop en pleno éxtasis frenético. Intercambian instrumentos, cambian afinaciones, pero la onda sigue imperturbable. Temas cortos que invitan al baile, y ese ritmo que en cada comienzo busca el tempo preciso para cada tema, y forma parte del todo, como un sube y baja perpetuo, más lento, más rápido, pero siempre manteniendo ese movimiento que hace querer seguir. Hasta yo que soy tan agrio para bailar, las piernas se me iban solas. Repito, el swing que tienen estos chicos pocas veces oído, más en una música de este tipo. Seguidores de Bauhaus y familia (Love & Rockets, Tones on Tail) y las nombradas antes, de parabienes. A no perderles la pista, tiene todo para ser muy grandes. Y no necesitan más de lo que ya tienen. Aplausos, muchos.



Cadáver Exquisito: El gran cuarteto uruguayo nos visita otra vez, invitados casi hermanos de Cuco, siempre con ese sonido tremendo e intenso, traen toda su fuerza al servicio de un grupo de canciones de todos sus discos, incluso estrenando temas del próximo álbum a editarse a principios de 2020. Canciones ultra potentes que tocan con una pasión que alcanza el techo repetidas veces, un reloj preciso pero con toda la sangre y el sentimiento que se desborda en cada nota. Es impresionante el nivel de intensidad al que llegan en todos los temas que se van sucediendo. Y quizás esa cuota extra de pasión tenga su explicación en el inesperado anuncio de que éste fue su último recital. Sorpresa y tristeza entre todos los que estábamos mirando y escuchando, pero que no dio tiempo a bajonearse porque enseguida volvieron a sacudir de una patada todo dejo de posible nostalgia con otra carga feroz de música tocada en carne viva. Un tema inédito todavía, una especie de cruza entre rock pesado-tango-grunge nos deja atónitos, y desde ese momento no bajan más, la vara queda al tope hasta el final, energía brutal en la piel, los oídos y los corazones de todos ante semejante desborde de sonido. Realmente brutal la altura a la que hacen llegar cada tema. El gran fin llega con Leito Vozdelmudo de Cuco desgarrando literalmente sus cuerdas vocales, abrazo general y alguna lágrima que se escapa, pero con la sensación de haber presenciado a uno de los mejores grupos del país hermano que hayamos conocido, en un concierto lleno de emoción. Una verdadera pena que no sigan. Esperamos ver que estos talentosísimos cuatro vuelvan, con nuevos proyectos, o como sea, pero que vuelvan.




Cabeza de Niña: Este proyecto formado por ex integrantes de F.O.B.O (Fear of Being Offline) es una locura de teclados, sintes, compus, guitarra, una batería ultra intrincada y precisa, voces, y un puñado de temas que tanto te llevaban al espacio como a la ciudad, disonancias que abrigan, extraños climas que reconfortan. Y cuando lo extraño, o mejor dicho, la extrañez se siente conocida, es que algo adentro de uno resuena, repercute, toca una fibra quizás desconocida, pero existente. Y es una sensación fantástica. Arriesgados, sin miedo a experimentar y ser y hacer lo que sienten. Bienvenidas bandas así, que no se quedan cómodas en lo conocido y se tiran a la pileta sabiendo que, más allá de gustos, caerán bien parados.





Cuco: Y sí, Cuco siempre es una experiencia diferente. Nunca jamás defraudan, pero cada recital va a transmitir algo diferente. Qué tipo de sorpresa van a traer, qué climas se van a generar, es toda una aventura emocional. La banda anfitriona, en su seguidilla de recitales festejando sus 15 años, esta vez encarna como trío, sonando todo más crudo, más en la cara, aunque sin nunca perder esa personalidad tan especial y característica. Todo suena claro, preciso y definido, aún más que antes, y ese “algo” tan especial que tienen, está ahí, como un ente en donde no importa la cantidad de personas que lo convoquen, este trío cuqueño se entiende milimétricamente, esos picos eufóricos, esos silencios expectantes, todo está ahí. Hasta se dan el lujo de hacer un cover de “Maniac” de Michael Sembello (do you remember Flashdance?), y seguir sonando a Cuco. Un set corto pero súper contundente, que termina con una impresionante versión de “Tu Cruz” (de su último álbum editado a la fecha, “Caminantes”), con invitado al bajo y Leito haciendo percusión que junto a la batería de Daniela Ocampo van cruzándose, contestándose, o yendo al unísono, haciendo lo que quieren, y encima la guitarra de Franco Licántropo que alterna en el medio con percusión también, dejando todo ahí arriba, y a nosotros en un frenesí que se pasa muy pronto. Y sí, acá nadie es más que nadie, y la banda que festeja e invita no toca más que las demás, ni de hecho cierran el festival. Todo un ejemplo de humildad y respeto hacia todos los presentes. Y ya deseando una próxima fecha en donde poder disfrutarlos más tiempo, y ver con qué reencarnación nos sorprenderán. Larga vida a Cuco!!!





Cautiverio: Quizás la banda más discordante de la noche. Sobre una batería real suenan teclados con todo tipo de sonidos imaginables, desde un piano clásico hasta lo que sea que pueda crear un instrumento, y con la imaginación necesaria para sacarle todo el jugo. El baterista es realmente de otro planeta, uno no daba crédito a lo que escuchaba, cómo podía mantener la métrica haciendo semejante cantidad de cambios de ritmo, sin nunca abrumar. Y el conjunto sonaba tan ecléctico musicalmente como coherente con su propuesta. Imagínense (y vuelvo a las referencias) pasear por el trip hop, el drum ‘n’ brass, jazz, pasajes a la primera época de Spinetta Jade, Pat Metheney, Lyle Mays, Rick Wakeman, partes más rockeras, otras más bailables, juegos de luces y hasta una performance inicial que le dio otro toque diferente al segmento de estos dos artífices de un proyecto originalísimo, innovador, y que muestra que se pueden mezclar cosas aparentemente inconexas y lograr algo con sentido y personalidad.




Funerales: Banda insignia del Hardcorepunk / Queerpunk / Riotpunk / Punk Mutantes / LGBTIQ / Gayrock Homopunk, tal como ellos mismos se definen, se encargan de ir marcando el final del festival, pero para nada el final de la fiesta. Para quienes que ya los vieron en vivo, no tengo nada que agregar. Lamentando un par de inconvenientes técnicos, lo que estos cuatro hacen arriba del escenario está al tope de lo que es un show con todas las letras. Música imparable, fuerte, cruda, melódica pero que escupe rabia por todos lados, glamorosos sin pose, bien reales, hacen saltar y poguear, bailar y transpirar, y encima tienen muchísimo para decir. Sus letras no dejan títere con cabeza, todo lo que necesitan decir, ahí está para quien quiera escuchar. Tema tras otro, con una batería cual montaña rusa en bajada y sin frenos, un bajo contundente y preciso que da base a esa guitarra de infinitos sonidos y efectos, y Pablo Sonix en la voz, con una soltura que lo hace uno de los mejores frontqueers, sino el único en su estilo, canta, grita, baila, salta, se siente que ese es su lugar en el mundo. Otro set corto, pero total. La cada vez más notoria presencia del post punk más oscuro, pero aceleradísimo, marca un rumbo si se puede cada vez más propio, y en el que se mueven con aplomo sin perder nunca la fuerza. Horas después nos vamos a enterar que este recital fue el anteúltimo con el guitarrista conocido como el negro, este mago de las 6 cuerdas y los mil efectos. Veremos quién toma la posta de sus zapatos. No tenemos dudas que esta nueva etapa será igual de sorprendente.




País Terror: Los encargados de dar fin a esta fiesta, este dúo hizo bailar hasta las paredes. Desconcierto total al comienzo, nada de instrumentos, él arriba, ella abajo entre la gente, y unas bases muy bien trabajadas, que me remitieron (sí, otra vez referencias) a una mezcla de Almodóvar & McNamara, Parálisis Permanente y Alien Sex Fiend, pero mucho más crudo y sacado, una música hiperquinética, sin tregua, letras para pensar mientras movés cada centímetro de tu cuerpo. Y los muchos presentes a esa hora respondieron sin reparos.



Final perfecto para una jornada con todo lo que se podía esperar de este festejo de los 15 años de los Cuco, una de las bandas más queridas de este circuito de independencia y libertad que se respira en todo lo que hacen, y el tremendo esfuerzo y amor que se necesita para organizar solos un acontecimiento semejante. Premios “Mugre Awards” entregados a cada banda (juro que cuando entré y los vi pensé que eran budas dorados derretidos), todos contentos de haber pasado una noche de esas. Queremos más. Siempre.-









▶️ Crónica: Fernando Diéguez.
▶️ Fotografías: Gottes de Baires.