UN DESIERTO EN EL ABASTO: CRÓNICA DE BRANT BJORK EN BUENOS AIRES

▶️ Fecha: 18 de octubre de 2019.
▶️ Lugar: Uniclub, CABA.
▶️ Bandas: Brant Bjork, Viaje a Ixtlan y Hoguera.


El pasado viernes 18 de octubre comenzó divisando lo que, para algunos, fuese un día como cualquier otro, con ese cúmulo enorme de personas desandando su día en la periferia del Abasto. Gran parte de ellos, sin tener una noción clara de la magnitud de lo que eso significaba para tantos otros.

Cerca de las 19 hs., las puertas del Uniclub darían paso a ese grupo de fanáticos envueltos en impaciencia por ver a uno de los artistas fundamentales en el stoner rock. Después de la visita de John García, y antes de la llegada de Nick Oliveri, Brant Bjork llegó por primera con su proyecto solista a esta parte del continente. La atención y expectativa, tanto de adeptos a la obra de Kyuss como de su carrera solista, no logró ser contenida. Un ingreso calmo nos sumergió dentro de una penumbra en la que solo se veían unos amplificadores valvulares, alguna guitarra SG y la llamativa batería con el bombo que identifica a Federico Castrogiovanni, ex-Humo del Cairo, hoy en Hoguera, grupo anfitrión. Mientras el público que recién ingresaba empezaba a adueñarse del lugar, una selección de música que convivía entre el punk y la psicodelia amenizaba el ambiente.

Llegando a las 20 hs. el escenario comenzó a iluminarse y su fondo anunció el turno de Hoguera. Primero, la presencia de Emanuel Cacho en guitarra y voz y Brian Bopp en guitarra, mitad de la formación frente al público presente. Luego, los aplausos con la llegada de lo que fuese la sección rítmica de Humo del Cairo: Federico Castrogiovanni en batería y Gustavo “Tano” Bianchi en bajo. Con un sonido contundente y poderoso, dieron rienda suelta a una lista donde pasaron “Dios es necio”, “Sismo” y con puntos altos como en “Plegaria”. Logró darse una buena recepción del público, quien transformó la aceptación de sus temas en aplausos que se intercalaban entre la aprobación y un diálogo con el “Tano”. Surcando los ambientes pesados y cubiertos de densidad, la banda supo calentar el escenario y abrir el juego de lo que se perfilaba como una gran noche. Entre un tema y otro, desfilaron reconocidas figuras del ambiente subterráneo local, como Sergio Ch., Walter Broide, Martin Rodríguez y Claudio "El Pastor" Filadoro. El Uniclub comenzaba a colmarse.





Cercano a las 21 hs., Viaje a Ixtlan se abrió paso entre la música de fondo para traer un set hipnótico, atravesado por su último trabajo, el álbum doble "Calma I" y "Calma II". El inicio se empezaría a dibujar mediante ambientes creados a través de sintetizadores maniobrados por Andrés "el Jeque" Raffo y Mariano Bertolazzi, ex Narcoiris, también guitarra y voz. Estos paisajes lograrían meter en trance al público, hasta la aparición de Cherman en bajo y  Leonel Fortunato en batería, quienes lograrían mutar ese paisaje ambiental creado a una sensación pesada y etérea. Los lapsos instrumentales empezaron a intercalarse entre secciones pesadas y grooveras, donde parecía que las palabras utilizadas en cada tema quedaban pequeñas, comparado con el mensaje que deseaba dar en su instrumentación. El diálogo fue constante y los sintetizadores marcaron el camino del set que atrapó a un Uniclub casi lleno. La rítmica y su tonalidad conforman un show fluido, con breves intervalos entre un tema y otro y que el público supo apreciar, aceptar y aprobar con aplausos durante el set. Hacia el final del show, Uniclub ya estaba lleno, haciendo casi imposible transitarlo en algunos de sus tramos. Pareciese que, una vez instalados en ese momento, todos cayéramos en la cuenta de lo que estábamos a punto de presenciar.





Varios músicos de la escena, seguidores del movimiento y tantos otros grupos lograron encontrarse en una misma noche. Mientras uno de ellos deambulaba con su vinilo de “Welcome to Sky Valley”, se empezaba a ver a Brant Bjork y a su crew preparando su equipamiento. La gente, al observar su presencia, comenzó a demostrar ese cariño que esta parte de la Tierra tiene hacia él y su obra, parte fundamental del género. La prueba de guitarras exaltaba aún más a la gente, la cual parecía estar desbordada por la ansiedad, para que a las 21:45, finalmente, se hiciera presente. En el centro del escenario, con esos rulos inconfundibles como una imagen a venerar, estábamos frente al mismísimo Brant Bjork. Mirando fijo a su público, como queriendo primero situarse en el momento, de esa manera comenzaba lo que todos los presentes estábamos esperando.

Fue “Swagger & Sway” de “Mankind Woman” el que dio inicio a la velada, a través de ese riff pegajoso y el rítmo característico de su repertorio que provocó el delirio del público, para que luego las raíces creamsianas de “Tao of the Devil” se personificaran al momento de sonar “Humble Pie”. Después del primer agradecimiento de la noche por parte de Brant, llegó el momento en el que la primera joya de “Jalamanta” apareciera para deleitarnos a través de “Too Many Chiefs... Not Enough Indians”. Se produjo el primer pogo en el Abasto y el delirio rebalsó Uniclub.



El hendrixiano “Lazy Wizards” fue la antesala al poderoso “Stokely Up Now” proveniente de The Low Desert Punk Band. A esta altura, no hay dudas que la banda conformada por Bubba Dupree, Dave Dinsmore y Ryan Güt encuentra el equilibrio preciso entre la potencia, el Groove y la convivencia de tantos estilos que la obra de Brant demanda. “Mankind Woman” enloqueció al público presente, mientras que “Biker No. 2” supo demostrar la calidad de la banda en conjunto, donde el sonido pesado no fue el único lenguaje que supieron manejar. Luego de que pasara “The Gree Heen”, otro momento enorme se vivió con “Let the Truth Be Known”, provocando un nuevo y un curioso ida y vuelta entre el público con la palabra “stoned”.

Una muestra de la fuerza de la banda pudo contemplarse con “Somebody”, donde el sonido de la guitarra y el movimiento de la rítmica trasladó al Abasto al medio del desierto. El pesado “Controllers Destroyed” emergió para encender la noche, donde ya la emoción era amplia, para dar paso a una mántrica versión de “Low Desert Punk”, cuya intensidad nunca paró de subir.
Luego de un breve lapso, llegaría el último tramo. Nos esperarían las últimas joyas de “Jalamanta” con una excelente versión de “Lazy Bones” seguido de un coreado riff de “Automatic Fantastic”.



Mientras los músicos se retiraban, Brant quedó en el escenario, dejando a todos atónitos con la modulación y el sonido de su amplificador. Parecía que el fin no tuviera fin y lo estábamos disfrutando. Para, de repente, da un corte, agradece y desaparece del escenario. Mientras, abajo, ninguno podía caer del todo en lo que vivimos.

Desligándose de un lado más experimental, como el que incursionó en su último álbum (y excluido de la noche) “Jacoozi”, se vivió una noche llena de calidad, emoción y energía, donde Brant Bjork demostró porqué tiene ganado su lugar en la escena. El público, no paró de ofrecer sus muestras de agradecimiento. Aguardando por una próxima vez.-





▶️ Crónica: Walter Fernández.
▶️ Fotografías: Leonardo Améndola.