CICLO ANOMALÍA #20 | DAR LA VUELTA AL SUEÑO: ARCHIPIÉLAGOS Y LA PRESENTACIÓN DE SU PRIMER LP

▶️ Fecha: 1 de noviembre de 2019.
▶️ Lugar: CC Matienzo, CABA.
▶️ Bandas: TOTS, Forestar y Archipiélagos.

Archipiélagos

En una nueva edición del festival organizado por Anomalía ediciones, nos acercamos al CC. Matienzo con motivo de la presentación del primer larga duración de los máximos exponentes del math/emo nacional. Estamos hablando de Archipiélagos, quienes tras 5 años de carrera, dos Ep y tres splits en su haber, lanzaron este trabajo el pasado 24 de octubre.

Nos esperaba una noche húmeda y emotiva con una gran concurrencia que se acercó al recinto del barrio de Almagro para disfrutar de un festival que, de costumbre, nos propone proyectos de su escudería, que podemos apreciar en su puesto donde encontramos trabajos en formato CD, K7 y vinilo para alimentar la melomanía y la esencia que describe a este sello independiente que viene creciendo a pasos agigantados, organizando este festival hace varios años y presentaciones internacionales de las bandas que lo conforman, como la reciente participación de Puerto Austral en el ArcTanGent y a la vera de la salida de Growing Aside, el primer documental de math rock del mundo.

Apostados en el lugar y luego de una ansiosa espera, son los TOTS quienes están encargados de abrir la velada. Con la sorpresa de ver a un quinteto y no a un sexteto, ya que no cuentan con la presencia de su cellista, la banda oriunda de Villa Devoto eligió “Abeja”, canción que inicia el despegue de su último trabajo “El tiempo pasa más rápido en la montaña” (2018) para el comienzo de su set. Si bien podemos definir como post rock el sonido que los caracteriza, la calidad de sus músicos les permite navegar de una manera única por géneros como el jazz/rock progresivo y el space, generando un ambiente propicio para volar. Encontramos esta referencia cuando suena “Lugano 1 y 2”, de su primer Ep “Transmigration of the soul” (2017), donde las progresiones de las guitarras de Lautaro Ponce de León y Carlos Morillo son perfectas, el groove del bajo de Juan Martin Diclaudio conjuga esa paleta de ritmos que es la batería de Agustín Juan, permitiendo a Martín Juan desplegar, desde las teclas, melodías que rememoran a nuestros años ´70 con La máquina de hacer pájaros como estandarte de estos sonidos. Siguieron “Mt. Fuji” y “Le flaneur” para el deleite de una audiencia que se rompió las manos para despedir a esta banda que es, sin dudas, una de las propuestas más ambiciosas de nuestro país.





Pasadas las 2 de la mañana, recibimos a Forestar, trío oriundo de Rosario que por primera vez traía su math rock a Buenos Aires, pero que ya ansiábamos escuchar en vivo desde el lanzamiento de su primer Ep homónimo estrenado hace ya unos meses y que es una de las novedades del catálogo de Anomalía. Suena “Franfur”, primer pista del mencionado Ep, para bajarnos la data sobre lo que íbamos a sentir y ver. Dos guitarras que constantemente entablan una conversación desde la magnífica técnica de Genaro Carranza y Gabriel Schubert al ejecutar en sus cuerdas fraseos propios del género, al mejor estilo TTNG o Floral, mediante tapping y ligados armónicos acordes a la rítmica precisa de Jonathan Gabriel Gómez en batería, permitiendo ensamblar cada compás en el momento adecuado. Siguiendo el orden del Ep, “Lo último que se pierde” continúa en el set, siendo la única que contiene letra, algo característico en un género donde prevalecen los instrumentos y la voz es un acompañante más. Lamentablemente, fue finalizando esta canción donde llegaron los inconvenientes técnicos en una de las guitarras. Lo escribo desde el lamento, porque estábamos siendo testigos de un show precioso por donde se lo mire y porque es pura gratitud de que el math tenga adeptos en el interior del país. Una vez acomodado el inconveniente, se retomó el set desde “Infinito punto rojo” de una manera que nos hizo olvidar el bache anterior. “Tos de perro” fue la canción que cerró la presentación de los rosarinos, a quienes los esperamos pronto y deseamos éxitos en su carrera.





Estiramos los brazos, la mente y preparamos el pecho para lo que fue, por lejos, una de esas presentaciones más sentidas y emotivas de la carrera de Archipiélagos, marcando un antes y un después. Iniciada allá por el año 2015, con su primer Ep, son pioneros del género a nivel nacional junto a bandas como Malviaje, Hungría, Dislexia Free y Diente de Oro, organizadores de las primeras ediciones de este festival y parte del colectivo de Anomalía ediciones, que les permitió expandir las fronteras y girar en México en marzo de este año presentando “Guermantes” (2018), su último y flamante Ep. Éste representó un quiebre en el sonido de la banda, con el ingreso de Diego Fraga en guitarra, ampliándolo y componiendo de melodías fusionadas con el midwest emo de los años noventa, dando como resultado un Lp que, a una semana de su lanzamiento, se convirtió en uno de los mejores discos de este 2019 de todo el país y de Latinoamérica.

El reloj marca las 3:30 y “Galápagos” es la canción que abre la presentación, a la cual ya la habían tocado en vivo varias ocasiones y podemos encontrar una melodía que transcurre durante todo el disco. Algo para destacar y que marca un cambio en la composición de la banda, es que a diferencia de sus primeros trabajos, las seis canciones de este LP tienen letra y es la voz de Facundo Fritzler que, desde las entrañas, nos emociona con sus verdades, nostalgias, desahogos y presiones que este mundo nos presenta día a día. Desde su comienzo, podemos sentir los arpegios que van mutando a compases de math para cerrar un precioso hardcore/emo para gritar y bailar mil noches seguidas. Esa es la impronta de Archipiélagos y lo vamos sintiendo en canciones como “Rapa Nui” y “Gran Canaria”, con los cambios de intensidad creando melodías desde lo apacible a lo estridente, comandadas desde la precisión y excelente oído de Sebastian Ayala en la batería, que pareciera llevar estos ritmos casi de forma innata por lo natural de su ejecución y la facilidad de meter coros en todos los temas. Hablábamos del giro en la composición que se había generado después de la salida de “Guermantes”, pero también de la impronta en el sonido de la banda con el gran aporte desde la guitarra de Diego Fraga, ya que permite que Facundo pueda distender sus melodías creando otro confort al cantar, y esto es notable en “Nunavut”, otra canción ya conocida por el público o “Tierra del fuego”, una de las nuevitas. Algo que siempre fue muy agradable de ver y escuchar de la banda, es el filo que Brian Duffau mete con el bajo dándole otra profundidad a los cambios de ritmos que constantemente propone Archipiélagos y un género como el math o, sin ir más lejos, el post-hardcore que tan bien suelen interpretar.



Una amalgama de climas y sensaciones nos invadían cuando llegó el turno de “Espóradas”, última canción del disco y del set, que tiene ya la mística de ser un himno desde que comienza con sus aires de blues/jazz donde toma protagonismo la trompeta de Santiago Nerone, convirtiendo al recinto de Almagro en aquellas islas del mar Egeo con su dulzura y nocturnidad. Es en esta canción donde se despliega toda la artillería “archipiélaga” desde el ida y vuelta de las intensidades, rítmicas complejas y ejecutadas como la intención que debe ser, voces apacibles que se desgarran a la hora de abrir el cuore y la siempre versatilidad para improvisar vuelos a la manera que solo ellos saben pilotear.

¿Hace falta decir que el show fue impecable de principio a fin? Realmente, son pocas las bandas que hoy en día entreguen tanta calidad y emoción desde un escenario sin tirar “humo”, a base de mucho estudio, trabajo, profesionalismo y amor. En un circuito donde los egos sobrevalorados quieren inclinar la balanza, Archipiélagos demuestra una vez más que es posible ser una propuesta independiente y de alto nivel artístico en sintonía con un público que fecha a fecha, responde con fidelidad al arte y la entrega de los colectivos autogestivos.-





▶️ Crónica: Germán Ponce. 
▶️ Fotos: Gonzalo Marrón.