NO FUE SÓLO DIVERSIÓN #3

Archivos fotográficos de Emiliano Ron.

Por Norberto Alfaro*.

En 1999 Fun People lanzaba su anteúltimo larga duración “The art(e) of romance”, grabado en Chicago bajo la supervisión de Steve Albini. Un disco punk, versátil, pop y tan contundente como la figura que ilustraba su tapa. Era Kurt Wilckens, un anarquista alemán que en la Argentina vengó la muerte de los obreros patagónicos asesinando al teniente coronel Héctor Varela. Toda una declaración de principios.

Pero esta impronta libertaria y de denuncia ya llevaba años agitados en los que el grupo supo crear una sub escena entre el denominado “Nuevo Rock Argentino” y el ebulliciente “Buenos Aires Hardcore”; incluyendo a gays y lesbianas, abrazando el ecologismo, la lucha por los derechos humanos y animales, el desarme, gritando por el aborto legal y el respeto hacia la mujer, y expulsando a las ideas fascistas que se filtraban en sus recitales.

20 años después vamos en busca de su obra más influyente, la que fue acompañada por cientos de jóvenes que escapábamos de los políticos de turno y que en sus shows respirábamos aires de contracultura.

LA MÚSICA DEL BARRIO…

La banda crecía en popularidad y los shows anunciados en Cemento ya serían parte de un clásico en la contratapa del Suplemento Joven SI! de Clarín. Además cruzaron las fronteras para iniciar su primera gira por los Estados Unidos donde pasaron por reductos y centros culturales anarquistas gracias al contacto mantenido con el renombrado fanzine underground “Maximum Rock And Roll”.

El local de Chabán ya quedaba chico y el “arreglo” con Obras Sanitarias no era el que mejor le quedaba al grupo. Sin embargo, para Fun People esto no fue un impedimento para seguir federalizando la propuesta y llevar su música a los rincones menos pensados. Las sociedades de fomento, clubes de barrio, centros culturales y casas tomadas fueron los lugares que albergaron a los People y a su público durante encendidos fines de semana. Es así que desafiaron al circuito de rock establecido, incluyendo los patios de casas particulares como el de calle 67 entre 20 y 21 en La Plata, donde también generaron una alternativa a la lógica imperante. “Hicimos tres recitales ahí, con G3 de Perú, Nitrominds y otro más. Y además aprovechábamos a juntar donaciones para hogares como “Pantalón cortito” asegura Emyli Games, un joven emprendedor de La Plata, editor de fanzines, hacedor de textos y reseñas subterráneas y por aquellos años también organizador de shows que recuerda haber inventado junto a sus amigos el “futbol pogo” durante algunos conciertos. “Era un espíritu festivo, era sacar al rock de esas cuevas donde hay olor, y no hay aire. Si nosotros amamos la naturaleza…quiero divertirme, pasarla bien, difundir y lograr algo integral en un solo lugar”.

Daniel Medina, otro productor de shows pero en la zona sur del Gran Buenos Aires, organizó varios recitales del grupo en Berazategui y Florencio Varela. “Aunque no me hubiese ido bien, lo hubiese hecho igual porque me gustaba la banda. Carlos me dio la oportunidad. El primer show fue en el Hogar Paraguayo con Fuerza y Decisión y 100 % Hate. Ellos no creían que iban a traer tanta gente pero se llenó el lugar”.



Daniel reconoce que la banda era “accesible” ya que no tenían muchas exigencias a la hora de cerrar un show. Mientras hubiese equipos con qué sonar, el resto podía amoldarse a las circunstancias. Tan grande era el espíritu de cantar y trasmitir sensaciones que nada los detenía. “Cuando hicimos el segundo show, le pusimos muchas fichas porque venían también Los Crudos, una banda de los Estados Unidos. El día antes la municipalidad nos suspendió el lugar. Lo llamo a Carlos y le digo ´no podemos hacer el recital´. Me dice ´no, lo hacemos en el patio de tu casa, buscá un lugar, no te preocupes, hacelo donde quieras que yo voy´. Bueno, conseguimos una sociedad de fomento, pero era muy chiquita, fue un caos, mucha gente, y mi viejo al que le di el buffet no pudo vender nada porque la gente no llegaba a la barra, jajaj”.

- Búsquennos en los barrios. Queremos salir del circuito del rock, no nos gustan esos lugares. (…) Queremos tocar en clubes de barrio.- avisó Nekro durante una nota en el Suplemento No! De Página 12 del año 1998.

EL ARTE ANARQUISTA

Veinte años atrás Fun People reivindicaba su espíritu libertario con el disco “The art (e) of romance”, y no sólo a través de sus letras. La portada de ese álbum llevaría la imagen de Kurt Wilckens, el anarquista alemán que vengó la muerte de los obreros patagónicos asesinando al teniente coronel Héctor Varela.

Claro que la mayoría de los seguidores se preguntaron quién era el hombre de aquella tapa en tonos rosas; y que también apareció durante la presentación del disco en la Federación de Box, en el barrio porteño de Almagro donde la capacidad fue desbordada. Tanto que al sonar los primeros acordes, el público movió unos centímetros el escenario montado.

Aquella edición despertó el interés del suplemento No de Página 12 por el encuentro entre Nekro y el escritor Osvaldo Bayer, en donde ambos intercambiaron conocimientos sobre el punk rock y el anarquismo. La libertad como quimera o como estado ideal ya había calado hondo. Durante una entrevista, Nekro había respondido que en una sociedad anarquista “no tendríamos nada porqué protestar, festejaríamos que se ha logrado el mundo que todos esperamos” y que sólo harían covers de Motley Crue.

Para la prensa de entonces, resultó sorpresivo que una banda independiente grabara en el mismo estudio en el que unos días antes habían estado Jimmy Page y Robert Plant. Emiliano Ron, activista por entonces de ADN, amigo y fotógrafo del grupo que por decantación terminó siendo el manager e integrante del sello Ugly Records, recuerda con naturalidad los días vividos en Chicago en el estudio de Albini, gira de por medio. “Así era el espíritu de esa época. No se podían tomar un mes para grabar, no era acorde a nuestra filosofía. Lo que veníamos sosteniendo, diciendo ideológicamente y políticamente no acordaba con irse a grabar un mes en un estudio, eso no es independiente, no es punk”.

Emiliano también reivindica el espíritu amplio que propagó la banda y que se hizo eco en la diversidad de su público. “Había 2500 personas diferentes, que convivían y se aceptaban ellos mismos. Eso para mí hizo un cambio. En el momento en que te das cuenta que no estás solo, que no estas aislado, que no sos el único que está en contra de este sistema, que no sos el único que ve la injusticia, eso te da esperanza”.


En Canal 7 en 1995. Problemas con el ingreso del público y ¡abajo este estado fascista! Archivo de Emiliano Ron.

KINGS OF THE UNDERGROUND

Para el fotógrafo y también activista de ADN, Diego Casas, quien incluyó dentro de su libro “Otros 90” a Fun People como uno de los sonidos de la rabia, lo más meritorio del grupo “fue seguir manteniendo el contenido de los primeros tiempos. Esa coherencia de cantar sobre algo y después hacer actividades que sostenían lo que cantaban. En Fun People sonaba algo contra el militarismo y a Nekro lo veías en una marcha contra la feria de armas”. Además agrega que más allá de haber trascendido la escena, “siguió manteniendo ese espíritu de autogestión, apoyando a otras bandas y publicaciones, o cuestionar tanto el afuera como el adentro. Fun People fue una de las bandas más autocríticas de la escena misma”.

Esa popularidad dentro del underground no se mezcló con el mainstream aunque las propuestas para estar de ese lado hayan sido concretas. El periodista Matías Kogan no dudó en incluir a Fun People en su libro “50 años de Rock Nacional- Lado B” pese a creer que “su obra quedó encastrada en un nicho o gueto” y que no llegó a tener un mayor impacto por el hecho de cantar en ese “spanglish”.

“El tema de haber cantado en ingles les jugó una mala pasada cuando todas las otras bandas cantaban en castellano. Eso hizo que el rock argentino no se haya hecho eco de la banda, no se apropió por el tema del idioma” asegura Matías quien además sostiene que “no es un detalle, es un dato importante. Hay una cierta invisibilización de la banda. Me da un poco de lástima eso, por la profundidad del pensamiento y la ideología”.

Mercedes Rock ´95. Foto: Carola Fontan.

Tras su disolución en el año 2000 y con la entrada de nuevas redes virtuales en los hogares; posteos, foros y grupos en facebook recuerdan la cantidad de shows enérgicos que vivieron los hoy mayores de 30 mientras que las nuevas generaciones expresan a través de la pantalla el deseo de ver al grupo reunido nuevamente. El periodista Fernando Viloria afirmó que varios productores se pusieron en contacto con él debido a la cercanía que tuvo con el grupo para que intente un acercamiento entre las partes y conseguir ese “show reunión” que durante las últimas visitas de Chuli (bajista) y Gato (baterista) al país con sus proyectos musicales, alimentaron la ilusión. Pero según Viloria no están dadas las condiciones para eso. “La banda dejó una muy buena imagen y hay un mercado latente por verla, pero creo que parte de esa mística de cómo manejaron todo, también va a ser no tranzar en esto, y Fun People va a seguir siendo Fun People por no hacerlo”.

Lo importante es esa semilla que sembraron, y que Emi Ron ratifica al asegurar que “para mi Fun People es una banda política en su ´sin bandera, sin partidos´. Era una banda extremadamente politizada…y esa generación que fue a los conciertos, que vio cómo se autogestionaba eso, que vio esos libros…esa generación hoy en día es distinta, es diferente”.

Su regreso a los escenarios sería un regalo para los que no pudieron verlos y un revivir de aquellos que sí estuvimos en el momento y el lugar indicado para dejar de ser los mismos de antes. Sus canciones siguen vigentes pero lo que también perduró es su legado ideológico que hoy puede traducirse en todos aquellos que dedican su vida pensando en el arte cómo una herramienta de transformación frente a las injusticias del sistema dominante.-

Suplemento SI! de Clarín. Marzo 1996.

*Este texto forma parte de una publicación más amplia en la que se encuentra trabajando el autor, donde irá al rescate de la carga ideológica de Fun People y su relación con el activismo en la década de los 90.