Crónica de Mineral en Buenos Aires: la vieja escuela del emo en su máxima expresión


Mineral. Foto: Gody Mex.

Con motivo de la celebración del aniversario número 25 de su formación, Mineral realizo un gira por distintos países de Latinoamérica, y fue este 22 de agosto donde la banda oriunda de Texas, EE.UU, se presentó en Buenos Aires siendo Gier (Colegiales) la sala elegida para el show brindado junto a artistas nacionales de la talla de Para establecer un río, archipiélagos y MOFA.

Haciendo una breve introducción para quienes no sean seguidores del género, conocemos como “emo” a un estilo musical que devino de la ola de post-hardcore de la zona oeste de EE.UU a fines de los años 80 con referencias en bandas como Rites of Spring, Embrace, Fugazi y que tuvo como pioneros del sonido en bandas como American Football, Sunny Day Real Estate, los mencionados Mineral y hasta Weezer desde el lado más “mainstrem”. Mientras en esos años las bandas de PHC contenían un mensaje más social y político, estas bandas se caracterizaron por la poesía más introspectiva desde las emociones y sentimientos personales hacia la soledad, el desamor, la recurrente ansiedad y la necesidad de hacer una catarsis extrema del vacío de la alienación de quienes fueron adolescentes en los primeros años de los noventa. Siendo esto algo “anormal” o fuera de lo consumido en el mercado, respondieron con la misma estética e ideología de esa enorme escuela que fue el hardcore punk desde el “hazlo tú mismo” formando parte del colectivo de sellos discográficos independientes como Dischord Records, el cual fue fundado por Ian MacKaye (Minor Threat, Embrace), claro referente de la autogestión.

Esta intro nos mete de lleno en este evento, ya que contamos con la presencia de artistas que forman parte de sellos independientes como Inerme Discos, Anomalía y Comunidad del Fuego, quienes además de editar discos y K7 de estos y muchos más artistas, son quienes activan desde libros, fanzines y la organización de eventos, una enorme colectividad que responde a esta impronta DIY y que, sin dudas, ha sido influenciada por la ya mencionada escena. Es acá donde quiero detenerme para dar mi perspectiva de la organización y la asistencia del público. Primero y principal, no podemos pasar por alto el costo de las entradas considerando el desastre económico y social que vivimos en esta parte de la región. Una entrada a un valor de $1700 en este contexto cierra las puertas más que abrirlas a quienes laburan por la moneda del día o pagar un impuesto. Más si se le agrega que, si bien hay cada vez más presencia, el emo no es un género masivo ni mucho menos popular y por lo tanto da como resultado que menos de 100 personas (contando a los músicos , puesteros y barra del lugar) quienes presenciamos la primer y única visita de uno de los referentes más importantes del género. Diciendo esto, considero y destaco más que nunca la acción desde los colectivos independientes y no de las productoras para la organización de estos eventos. No solo por el valor de una entrada o la poca asistencia de público, sino también para cuidar a nuestro capital cultural, ya que sumado a esto, no nos encontramos con medios locales (más allá de Subcultura) documentando la jornada, las bandas que participaron tuvieron alrededor de 25 minutos para ofrecer su música y los puestos ni siquiera contaban con una luz artificial para iluminar, siendo los celulares nuestros las guías para apreciar el enorme laburo que significa transportar la curaduría y la comercialización de la misma. Dicho esto de manera constructiva y periodística, les comparto lo vivido intensamente desde la “emo”ción con lo que fue de esas noches que quedan en grabadas en la médula.

Para establecer un río. Foto: Gody Mex.

Para establecer un río. Foto: Gody Mex.

Pisando las 20 hs., los primeros sonidos de pedales, compresores y efectos levantan el telón del escenario. Lo que presenciamos durante casi 25 minutos fue realmente épico. Porque Para Establecer un Río nos propone sentirlos de ese modo con su post rock explosivo, expansivo y sincero forjado con una impronta preciosa. Oriundos de La Plata e integrados por Elias Oldani en bajo y voz, Jonatan Serpilli en batería y Juan Augusto Riquelme en guitarra y voz, PEUR viene desde el 2014 compartiéndonos su universo de composiciones que van desde incendiarias, graves y potentes ejecuciones hacia la calma más profunda que nos invita a un viaje introspectivo a través de paisajes que reflejan la esencia de lo destructivo de la raza humana, su apocalipsis y esos puentes que logramos forjar para seguir en pie. Lamentablemente para los 15 o 20 que estábamos presentes, fue un set corto, pero que llevó parte de sus dos trabajos editados, “Para establecer un río” del 2014 y “Los mapas del fuego”, su más reciente EP del 2017, con piezas como “Tundra” la cual reúne todas las cualidades en la calidad de sus ejecuciones quien convierte a PEUR una de las propuestas nacionales más recomendadas para presenciar en vivo y que les dio la oportunidad de realizar un tour por Europa mediando el 2018. Implacable apertura de la noche.

Archipiélagos. Foto: Gonzalo Michel Godoy.

Archipiélagos. Foto: Gonzalo Michel Godoy.

Ahí nomás, a minutos que permitieron fumar un pucho, archipiélagos en la sala con la cuota de math rock necesaria y conveniente después de la intensa apertura. Precisión y virtuosismo son dos características que definen al este estilo, e indudablemente son una las bandas latinoamericanas que, con su propia impronta, mejor lo interpreta. Los “archis” integrados por Sebastián Ayala en batería y coros, Facundo Fritzler en guitarra y voz, Brian Duffau en bajo, Diego Fraga en guitarra y Santiago Nerone en trompeta, brindaron un set corto debido (nuevamente) a la disposición del tiempo, donde pudimos disfrutar de los ya clásicos “Bonsai” y “Minet”, de su primer EP del 2014 y el split de 2015, el inédito “Nunavut” y “Parte 1” de su último y celebrado EP “Guermantes” del año pasado. Realmente es un placer sentirlos en vivo, ya que es se nota la dedicación impregnada en cada arpegio, compases y disonancias que hacen de sus presentaciones una experiencia vibrante de pies a cabeza. No hay dudas de que son uno de los mayores exponentes del género a nivel nacional, pero se sintió la sensación de incomodidad que no permitió explotar al máximo lo que estamos acostumbrados, quizás por correr tras el reloj ya que es una banda que, si bien tiene sus temas definidos, suele hacer uso de interludios e improvisaciones para conectar mucho mejor hacia el público.

MOFA. Foto: Gonzalo Michel Godoy.

MOFA. Foto: Gonzalo Michel Godoy.

Pasamos por el post rock profundo de PEUR, el amalgama math de archipiélagos y en tercer lugar, llego la hora del HC punk melódico de la mano de MOFA. Durante media hora, recibimos una catarata de canciones urgentes y con un mensaje más que claro. Para mucho de nosotrxs, tanto el hardcore y el emo fueron refugio de nuestras vidas, básicamente, porque al no encontrar respuesta en lo hegemónico, la salida fue la autogestión. MOFA es una clara muestra de eso. Más allá de cambios de formación e interrumpir su carrera por momentos, son 25 años de historia de la banda oriunda de San Fernando recorridos por el circuito nacional e internacional y quienes cuentan con varios EP y LP desde “Las expresiones de mis silencios” (1996), “Detrás de mil colores” (1998), “12 canciones” (2001), “45 minutos hacia donde los edificios crecen” (2004), “El refugio en la calma” (2012), “El revés de las palabras” (2014) y los últimos simples, “Venciendo al tiempo” y “El ultimo baile del astro solo” de 2018, cuales fueron parte de la lista elegida de este contundente y enérgico show que nos brindó MOFA previo al último número tan esperado.

Mineral. Foto: Gody Mex. 

Mineral. Foto: Gody Mex. 

Agrupadxs y pegadxs a las vallas del escenario, fuimos testigos de uno de los shows más emotivos de los últimos tiempos. Es cierto que no fue la concurrencia esperada, pero eso no impidió el disfrute y la entrega del público hacia Mineral, pilar fundamental del sonido y la estética emo. “Five, eigth and ten” de su primer disco “The power of failing” de 1995, fue la canción elegida para la apertura y pareciera que nunca han pasado los años para la banda. Seguido de eso, la guitarra de Chris Simpson (voz y guitarra) acompañada por el bajo de Jeremy Gómez, entonaron los acordes de “Gloria”, 2do track de su primer trabajo y uno de los himnos más preciados de Mineral. Acompañados por Scott McCarver en guitarra y Gabriel Wiley en batería, generaron canción a canción un clima que nos hizo sentir estar en alguna casa o sótano del oeste norteamericano. Afilados en sonido y ejecución, cada minuto atravesados en su propio clima fueron una verdadera escuela de emo, con sus sonidos apacibles donde la voz toma un rol de susurro recitado de confesión para caer de lleno en estridencias e intensidades que no necesitan de virtuosismo, pero sí de mucha sinceridad al interpretar el mensaje para dar. Luego de ese intenso comienzo, bajamos decibles con “Unfinished”, de su 2do trabajo “Endserenading” de 1998, que si bien mantiene la impronta de primer LP, este trancurre en tiempos más lentos y oscuros, lo que no hace otra cosa más que hipnotizar más aun al oyente en canciones de una duración más larga. Pasaron “A letter”, los inéditos “MD” y “February” que salieron como bonus en “The complete collection” (2014) y son outtakes de sus primeros ensayos. Hablamos de que no parecen haber pasados los años para Mineral, y eso se notó cuando a mediados de este año lanzaron “One day we are Young”, EP de dos canciones con un sonido renovado y que con “Your body is the world” sonando en vivo nos demostraron que aún tienen más por dar. Luego de un breve impasse, llegaron los últimos tres temas de una lista que repaso toda su obra y fueron “LoveLetterTypeWriter”, “Palisade” de su 2do LP y la grandiosa “Parking Lot” que cierra TPOF y había sido su primer 7” grabado en 1995, la cual define en plenitud el sonido de esa generación y que nos hizo vibrar en pogo, sonrisas y felicidad durante poco más de una hora de show.
Fue realmente un placer tener la oportunidad de disfrutar en vivo canciones que movieron gran parte del sonido de nuestras vidas y más sabiendo que quizás sea la única vez que bandas como esta puedan presentarse en nuestro país. El emo tuvo su merecida celebración y Mineral dio catedra de la vieja escuela melodramática que mantiene viva la llama de este género tan poco valorado, pero que tanto aportó a esta subcultura de un mundo de fanzines, sellos, independencia y el DIY que tanto amamos.-

▶️ Crónica: Germán Ponce.
▶️ Foto: Gody Mex - Gonzalo Michel Godoy