POSTALESDEENTRETENSIÓN #7

El camino del guerrero
Por Andrés Ezsanch.


- ¿Es el camino del guerrero tan abrumadoramente importante, don Juan? -le preguntaba Castaneda.
Y don Juan respondía: “Decir «abrumadoramente importante» es un eufemismo. El camino del guerrero lo es todo. Es el arquetipo de la salud física y mental”.
  Carlos Castaneda-Viaje a Ixtlán

Es otoño del 2000. Estábamos en el recital de She-Devils charlando acerca de qué bandas nos gustaría ver o traer. Estábamos cebados, claro. Porque la fecha de esa noche y la anterior nos hicieron sentir que era el lugar en el que queríamos estar. Seguíamos hablando y de pronto alguien dice Farsa Realidad. Era la tercera o cuarta vez que escuchaba ese nombre en unos pocos meses. Lo escuchaba, repito y vuelvo a decir, lo escuchaba con ese tono donde la persona que los nombraba te estaba insinuando un “están absolutamente comprometidos y suenannnn muyyyyy bien en vivo”. Y eran afirmaciones (o insinuaciones) sin titubeos. No sé si tenían My Space (que era la plataforma del momento) porque yo tenía poca idea de internet, o no quería hacerme amigo. Y también porque el lugar donde iba cada tanto me quedaba demasiado lejos. Puede ser. El caso es que no tenía registro de su sonido. Pero nos convencimos por las personas, las que antes habían dicho, y por sus comentarios. Y sobre todo nos convencimos porque eran parte del KoleKtivo KontraKultural Hasta Las Chapas, donde estaban unos buenos amigos que habíamos hecho por correspondencia; la gente del fanzine Mundo In Mundo, con Pablito llevando su publicación adelante desde hacía años. Todo eso nos alentó. Los llamamos. Ana y Ariel del fanzine María Puede Ver en realidad hicieron el primer contacto telefónico y ahí arrancamos a armar la fecha. Acordamos para Octubre. Se sumó Iwánido (amigos de los Farsa) a la mini gira por Trelew-Puerto Madryn. En Daelsol (nuestra banda) las cosas estaban cambiando. Varios integrábamos el Movimiento Autoconvocados, incipiente orga de la confluencia de compañer-s de distintos espacios políticos y estudiantiles. Así que por ello pensamos en una actividad en conjunto para Madryn. No había bares y los que estaban eran bastante despreciables. No se nos pasaba por la cabeza un garaje o un patio. Eso vendría (no tan) después. Así que siempre terminábamos en la Plaza San Martín, la céntrica. Haciendo uso del espacio público. (Todavía me causa asombro cuando preguntan o preguntaban a quién había que pedirle permiso[?]). Iba a ser ese No-escenario el que íbamos a usar. Llega Octubre, llega la fecha. Los muchachos estaban un día antes. Entonces hicimos una gran juntada. Vivíamos con Ariel en unos departamentos al fondo de un terreno, los dueños adelante. Se tornó un desfiladero el pasillo al fondo. Llegaron Ariel y Ana desde Trelew, llegan los otros Daelsol, parte de Iwánido (un integrante llegaba al día siguiente), los Farsa, los compas de Autoconvocados, y tantos más. Es ahí cuando sabes que en cualquier momento se te aparece el don de la casa para decirte que está todo bien (aunque vos sabes que no) pero que bajes el volumen “de todo”. Llegó. Ese momento llegó. Pero pudimos resolverla y atravesar la noche a un volumen acorde. El volumen donde tod-s queremos compartir nuestras visiones. Nos encontramos esa noche con personas con las que podíamos hablar. Con los que podíamos intercambiar formas de ver. Esos espacios necesarios que a veces vamos perdiendo en la rutina cotidiana. Con todo lo que eso significa. O con todo lo que eso aporta a la salud mental de cada un-.


A Trelew no fuimos. No fuimos invitados debería decir. Nos enteramos esa noche así que tuvimos que desarmar el plan viaje. Nos quedamos con el recital de Madryn. Y con el garrón (podría decir bajón, pero las formas acá no importan) de perdernos esa tocada en el Comedor Universitario. Como dije en otros relatos, el Comedor es un lugar que albergaba (y todavía lo sigue haciendo) movidas incendiarias, de esas que da gusto participar. Ideal para un recital así. Entonces nos quedamos con la plaza, y con lo que podíamos hacer en ella. Claro, dependíamos de nuestra inventiva, de nuestra labor, de nuestra movilidad y hasta de nuestro propio sonido. Lo que era, esto último, el equivalente a una consola, dos cajas, dos pie de micrófono y dos mic. Eso era todo. Evidentemente estábamos preocupados por el mensaje, por transmitir. Lo que no podíamos era amplificar esas palabras. No lo tomo como un dato menor. Tomé nota para la posteridad (todavía me duele el agudo del equipo de guitarra sin amplificar). Pero ya estábamos ahí. Siempre fue extraño tocar en la plaza. Es un marco distinto. Son pocas las personas que van por interés. Pero están l-s transeúntes, l-s que pasan por curiosidad, l-s niñ-s corriendo, l-s Testigos de Jehová a un costado de la plaza repartiendo sus volantes, l-s que se sientan a comer, l-s que se encuentran para hablar. El (no) escenario es abierto y todo puede pasar. No hicimos registro pero un amigo filmó todo esa tardenoche. Por años tuve ese cassette de Farsa por un lado y Daelsol por otro que bajó Walter (nuestro amigo) a cassette. Viviendo en La Plata años después no sé en qué momento quedó grabando y ahora hay un programa de Radio Universidad que nunca voy a escuchar. No hay copias. Como suele pasar. Aunque hay un lado que funciona. Prueba irrefutable de que existió. Lo que si me quedó grabado en la memoria fue el recital que dio Farsa ese día. Sonaban distintos a lo que veníamos escuchando. Muchas palabras convencidas entremezclándose con guitarras psico ensoñadoras que explotaban por acá y por allá, mucho bajo y densidad complotándose con las percusiones que me sonaban tribales. O era todo eso junto, seguro. Sonaban distinto a lo que la costumbre nos había llevado. Era 12 de Octubre, y eso nos empapaba de alguna manera. Una fecha que nos hizo repensar cómo seguiríamos los días por delante. Como banda o espacio político, pero también como personas. Que como todo, llevaría su tiempo. Y lleva.


La jornada fue intensa. Como todo lo que nos venía pasando. Era una obviedad que seguiríamos haciendo planes juntos con la Farsa. Tuvimos uno. O dos en realidad. El primero fue un viaje a Bolivia, una gira que estaban organizando y que en una charla de entrecasa (por teléfono) nos ofrecieron acompañarlos. Las realidades de las bandas (de los grupos de personas en realidad) son a veces tan dispares que dentro de nuestro propio grupo no pudimos encontrar un norte (aunque en nuestro caso salimos todos por distintas latitudes). Y la dejamos pasar. La siguiente fue un encuentro anarquista en Capilla del Monte (Córdoba), un verano que se veía venir desprovisto de proyectos y que nos (¿o me?) motivó a retomar los ensayos. Al poco tiempo del otro lado me avisaron que el encuentro no se hacía, no recuerdo el por qué. Y eso aceleró que los ensayos que no prosperaban se den por terminados. Y así el final de un ciclo que había caducado hacía un tiempo.


Con Farsa, con el Kolektivo, como con muchas personas más, mirábamos (y miramos) el mismo camino. Y nos volvimos a ver en ellos o a encontrar un par de veces más. Allá, en sus pagos. Y en otros. Una de ellas fue para el anecdotario rutero porque viajando en el invierno del 2005 pasábamos por Córdoba y ellos estaban por ahí. Fue en Anisacate, cerca de las tierras que pensaban llevar adelante como comunidad. Nos quedamos en una casita como preámbulo de la experiencia en la cordillera, que era donde estábamos yendo. En realidad hoy me parece así. Un paraje hermoso al que no sabría hoy cómo llegar. Al otro día nos llevaron a la Capital. A una asamblea en Kasa Las Gatas. Estuvimos dos días por allí, por la casa. Solo puedo decir que es un lugar donde la pasamos tremendamente bien. Donde me hubiese gustado volver y pasar tiempo. Y ahí, en ese espacio, nos despedimos de algunos Farsa. Ellos para volver a los ensayos y yo para buscarme un (nuevo) lugar dónde vivir. Nos vimos una vez más. En una ciudad grande y desbordada como yo en ese momento, comiendo pizza y hablando de los días viejos y de los que venían, del cotidiano y de las ideas, de los planes y del caos. Me quedé y me quedo con eso de saber que algunos andamos a la búsqueda, y otr-s andan en la búsqueda a partir de un proyecto concreto y real. Ahí donde no importa si tocan mucho o poco, si graban o no, si viajan o no. Lo que me interesa, lo que me motiva y hasta me asombra es que siguen en ese camino. Como decía Juan Matus, o como dicen ellos mismos, en el camino del guerrero. Farsa sigue girando. En su idas a las tierras cordobesas o en sus idas a tierras catalanas. En su página o en sus grabaciones. O en otras idas, y otras tantísimas vueltas. Farsa sigue, en el camino del guerrero. Porque todavía, como dicen ellos mismos, están buscando “el fin de la tormenta”.-



▶️ Imágenes: material de archivo de Andrés Ezsanch.