PostalesDeEntreTensión #6

Retratos añosos, relatos inacabados
Por Andrés Ezsanch.


Hoy hice el ejercicio y recordé aquel primer recital que organicé con el fanzine que tenía en ese tiempo. La previa a ello y el transcurso de la fecha de Fun People en esta tierra sureña. Con cero recursos. Con la inventiva que surgió en ese momento. Con lo que dejó. Y con lo que hicimos después. Si resumo diría que es: El Arte del Romance.

1
Hace unos cuantos años la juventud de mis pagos tenía por costumbre pasar los primeros días de enero en Puerto Pirámides. Algo así como un ritual del comienzo de año occidental, regado y más regado de brebaje claro está. A nosotr-s, madrynenses, nos queda esa villa balnearia a unos noventa kilómetros, los cuales en esa fecha recorríamos de la manera que fuera. Recitales en el camping, en algún bar o en la misma barda mesética, música en pasacassettes sonando ininterrumpidamente, fogones interminables, encuentros inesperados, eternas charlas eran (o quizás sigue siendo) el asunto convocante. Ahí no había ni tribus ni estirpes. O por lo menos en esas intensas dos semanas. Eran los primeros días de enero del ´97, mientras andaba rondando por el camping me entero de la presencia de los Fun People por ahí. No los vi pero me dio alguien un flyer donde decía que al otro día tocaban en Madryn; o sea, tenía que volver al pueblo si los quería ver en vivo. Así que por ello, y porque ya no teníamos ni provisiones ni plata, fue que emprendimos el regreso. Pero ¿cómo sabíamos quiénes eran estos Fun People? Bueno, eso es ir una página atrás.



2
Estábamos en casa de un compañero de colegio unos dos años atrás, pasando la noche y tomando vino, que es lo que solíamos hacer. Juntarnos a tomar, escuchar música y hablar de cuándo nos iríamos del pueblo; o mejor dicho de cómo hacer para irnos, ¿qué otra cosa podíamos hacer en un invierno frío en la Patagonia? Un amigo me había grabado un cassette que de un lado tenía bandas de hardcore (supongo que era el compilado Mentes Abiertas, pero no lo recuerdo con exactitud. Reconocía a Existencia De Odio y 2 minutos, así que de ahí viene mi suposición) y del otro lado tenía el primer disco de Fun People, el ya mítico Anesthesia. Otro amigo que también estaba esa noche y más avezado en la cuestión musical me increpa un poco diciéndome algo así como “ah, llegó el Buenos Aire Hardcore al pueblo”. No sabía de lo que estaba hablando, para mí lo que sonaba era básicamente hardcore-punk, música ruidosa, y no mucho más. Hago un alto. Estamos a mediados de los ´90, en la costa este de la Patagonia, acá las cosas llegaban tomándose su tiempo (menos las crisis económicas). Llegaban, dije, sin esas diferencias o animosidades que existían (¿o existen?) en los lugares donde se estaba produciendo el hecho (o cocinando la papa, para ser más directo). Yo todavía no me carteaba, y la única forma que tenía de conseguir música era por amigos y amigas que me pasaban sus discos. O por compañeros de colegio que venían de vivir en otros lugares. Así que por por es-s amig-s, conocid-s o compañeros me llegaban cassettes. No tenía reproductor de cd´s, mucho menos bandeja de vinilos (casi impensado). Era cassette original o cassette grabado. Y así iba armando desordenadamente mí pequeña caja (de zapatillas) de discos; sumando datos de algunas revistas y ahí, en el límite de conocer los fanzines y todo ese mundo que apareció a continuación. Así que podía tener Pro-Pain original o Deicide mal grabado (de esas grabaciones donde la cinta es pesada de tanto que se ha usado), Flotsam and Jetsam (sin saber si era realmente la banda) o Nocturnus/Venom/Sarcófago en un compilado de quién sabe qué. O Sick Of It All y Minor Threat en Cd´s pero que escuché años después (y que por suerte alguien me lo pasó a cassette en su momento). Era una escucha desordenada pero acaso ¿no era la idea? ¿escuchar todo lo posible? ¿grabar y regrabar si no nos gustaba algo? A mí me despertaba una curiosidad obsesiva que intentaba mitigar con las publicaciones que iba consiguiendo. Retomando eso del Buenos Aires Hardcore o punk político, para mí no significaba demasiado. No entendía esas diferencias. Estaba a mil seiscientos kilómetros de lo que pasaba en aquellos lugares. Pero sí, con el tiempo fui haciendo mis propias conclusiones. Armando mi propia historia, mi propio cuento en base a lo conocido y a l-s conocid-s. Con el correr de los años pude entender que decía mi amigo cuando me increpaba cuestionándome la llegada del Bs As Hardcore al pueblo. O como decía uno de los temas: el “New York City Clon”. Volvemos. Estamos en esa juntada. Noche de vino, de escucha y de charla; le dimos varias vueltas al cassette del Mentes Abiertas y de los Fun, y quién sabe qué cosas más sonaron. Metal, seguro que metal sonó. Pero claro, Fun People me sonó distinto y eso me dio curiosidad. Así que me puse a indagar. La revista Madhouse habrá hecho lo suyo (en un momento era lo más “subte” que conseguíamos [imaginen]) como los fanzines que fueron llegando con el tiempo. Y conocer a José, un viejo punky fanzinero de Capital, amigo o conocido de muchas personas de la “escena” de allá. Él había llegado hacía un tiempo, tenía un negocio en el pueblo y vendía parte de su historia buscando otros horizontes. No sé cuáles eran pero se desprendía de discos, fanzines, libros, vhs y lo que le quedara en las cajas que traía de su bagaje y antigua vida en Capital Federal. Ahí llegaron los fanzines Fun Peolple que todavía conservo, y muchos otros que se quedaron conmigo. Esos fueron los primeros contactos con el mundo subterráneo, con las personas que lo generaban. Hacía tiempo que estaba cansado de todas esas mitificaciones a bandas metaleras que se creían en un altar inalcanzable, y que yo ya estaba dejando de escuchar. Ese mundo no me interesaba, y este de los pibes y pibas me parecía más real. Como pasó con Fun People también pasó con otras bandas, publicaciones y personas. Como suele pasar cuando hurgamos en aquello que nos interesa.

¿Los compañeros que estuvieron esa noche del vino, la escucha y la charla? Los dejé de ver cuando terminó el año. O antes, porque dejé de ir al colegio. A trabajar mientras estudiaba de noche. A cranear y armar un fanzine, y a romper la tranquilidad de cualquier casa que nos dejara tocar la guitarra enchufada a un viejo equipo de audio. Como dije, eso que suele pasar cuando hurgamos en
aquello que da complacencia.


3
Volvemos de Pirámides y nos vamos a ver funpipol. Andaban tocando su segundo disco, Kum Kum. Como será ese viejo tiempo sin internet que yo no conocía la tapa y no había escuchado ni un solo tema. Yo no sé ustedes qué pensarán de los recitales que daba Fun People pero esa noche sonaron atronadores y yo quedé perplejo. Tanto que me acerqué a Gerardo Dekadencia (que los andaba acompañando y creo recordar que ayudaba con el armado de fechas) para charlar y ver cómo podía hacer para que vuelvan. Esa noche intercambiamos teléfonos (fijos, claro) y comenzaron las llamadas. Hablaba con Chuli, y quizás con Lucas. No me acuerdo. El tema es que estaban armando una gira por el sur para Abril/Mayo y fuimos arreglando su venida. No sabía muy bien en qué me estaba metiendo pero me iba a ir dando cuenta. Tenía 19 años, no era tan chico pero tenía cero ideas de armar un recital. Me ayudó Ariel, el amigo con el que estábamos armando nuestra primera banda, Daelsol.


4
Fueron pasando los meses y las llamadas, tenía que conseguir lugar y sonido. No era habitué pero iba seguido a un lugar donde se generaban actividades interesantes, el hoy legendario en el terruño, bar El Sótano. Yo los conocía por hacer alguna que otra movida (proyección de películas, charlas, panfleteada) a los muchachos de ahí. Fue así que me llegué hasta Germán, uno de los hermanos Alfonso que llevaban adelante el espacio/bar, y me dio el ok inmediatamente. Creo que casi nunca me/nos trataron mejor en un lugar. Arreglé con Román, que tenía la sala de ensayo frente al bar, por el sonido y salimos a pegar fotocopias, repartir volantes y esos menesteres previos a las tocatas. Las cosas se estaban dando bien. Por esos días me encuentro con Flavio que tocaba en Resistencia Juvenil y me pregunta si podían tocar ellos. Yo no le había dicho a nadie de hacerlo (porque casi no conocía bandas y no se me había pasado por la mente) así que me pareció bien que haya una banda del pueblo que participe en la fecha. Por el alojamiento no había opción, yo tenía un trabajo de esos tipo pasantía donde cobraba dos mangos, y vivía en la casa de mi familia. Todavía me faltaban unos meses para irme. Así fue que los muchachos se tenían que quedar en mi habitación entremos como entremos. Conseguí un colchón de dos plazas y otro de una, eso sumado a mi cama. No me miraron con buenos ojos en casa pero como casi no teníamos diálogo y les avisé sobre la hora no dijeron mucho. Llegó el día, llegaron los pibes tipo 7 de la mañana de un día de semana, yo estaba por irme al trabajo, los dejé en la pieza con Sabbath Bloody Sabbath de fondo y los busqué al mediodía. No me acuerdo qué día era pero sé que llegaron dos o tres días antes del recital. Venían de Bahía Blanca entusiasmados con la fecha compartida con Neisser y con la extensa gira que tenían por delante. Hicimos mucha playa, mucha camioneta, mucho huevo escuchando música y hablando. Recién venían de la gira por Estados Unidos, creo que habían estado hacía poco en Brasil, así que me llené de data fresca y de historias interminables. Tengo una charla grabada en la mente con Julián (Chuli). Íbamos caminando por mí barrio y él me contaba que cuando vivía en Barcelona estaba parando en un barrio parecido al mío. Así, monoblock, cientos de viviendas. Y en eso me dice que lo mejor era que le quedaba cerca de la sala de los Subterranean Kids. Cómo, dije yo. Casi sobresaltado me recuerdo. En ese momento yo había descubierto a los Subterranean, L’Odi Social, Anti/Dogmatikss y todas esas hermosas bandas de España, Cataluña y el País Vasco. Pero Subterranean, puffff, a mí me gustaban mucho, estaba casi obsesionado les diría. Entonces me dice que estaban viendo de grabar un Split con ellos. Quizás una pavada hoy, sí. Esas cosas que nunca pasaron. Pero cuando me acuerdo pienso en ese disco que nunca fue como un disco de esos que me hubiese gustado tener, de esos que conservas con mucho sentimiento. Por el momento, por las situaciones, por los días vividos. Y porque Subterranean Kids y Fun Peolple en un split hubiese sido tremendo, claro.


El día del recital estaba colmadísimo, para lo que puede ser un recital de hardcore punk en el año ´97 en Puerto Madryn, Chubut. O sea allá, bien lejos. Nunca supe cuántas personas había pero seguro unas cien. O más. Para alguien que está acostumbrado a ver recitales probablemente puede que haya sido uno más. Para quienes no lo estábamos fue un recital que nos abrió las puertas a otras búsquedas. O a mí, puede ser. Porque me llené de info, de contactos, de discos. Los pibes se quedaron un par de días más. La casa estaba llena, los discos pasaban, las historias rebotaban en las paredes. Y las ideas nos quedaron rebotando a nosotros. De ahí salieron los próximos recitales, las bandas nuevas que hicimos, los fanzines, los contactos, las bandas que venían, los recitales en las plazas, la gira barrial que no prosperó, la amistad en el tiempo con VolcanInka, con El Cuervo, una revista ignota y fugaz, los programas de radio, algún suplemento en un diario local, los viajes a dedo o no en busca de esos contactos ya hechos, los próximos recitales con Fun People, los que vinieron después con Boom Boom Kid, el salir, el buscar algo mejor para nuestros días. Podría haber sido otra banda la que despertara la curiosidad o las ganas pero justo pasaron ellos. Todo se activó. O lo hicimos nosotros. En ese camino que no tuvo vuelta. En el que fuimos y vinimos. En el que transitamos.
Así, como suele pasar cuando hurgamos en eso que nos da complacencia.-



De izquerda a derecha: Emiliano Ron (fotógrafo, amigo,asistente), Flores (conductor), Gato (batería), Carlos Nekro (voz), Lucas (guitarra), yo, un amigo de mi barrio que justo pasaba y Chuli (bajo).

▶️ Flyers, volantes y fotografías: archivo de Andrés Ezsanch.