Review: Candlemass - The door to doom


Décimo segundo álbum de estudio de esta banda sueca que no necesita presentación para cualquier fan del doom. Primero un dato histórico: según el futuro que se nos presentaba en 2012, este álbum no debería existir, puesto que su anterior trabajo de larga duración (“Psalms of the Dead”, el cual hubiera sido una elegante carta de despedida) iba a ser el álbum final de la banda, según Leif Edling, bajista y cerebro de Candlemass; por suerte, cambió de opinión.

Editaron dos EPs en 2016 y 2018 ("Death Thy Lover" y "House of Doom", respectivamente), pero este es su primer LP en 7 años, el cual marca la salida del vocalista Mats Levén y el regreso de Johan Längqvist, aquella voz que ayudó a dar forma al seminal “Epicus Doomicus Metallicus”. Y Johan no vuelve sólo: la portada de este “The Door…” es una reversión de la portada de su disco debut (misma calavera, pero complementada con algunos diseños alrededor); editado por el confiable sello Napalm Records y bajo la producción de Marcus Jidell, completan la formación Mats Björkman y Lars Johansson en guitarras y Jan Lindh en batería, además de contar con algunos invitados entre los que destacan Rickard Nilsson (tecladista y colaborador de Leif en su proyecto solista) y un tal Tommy Iommy.

Desbordan gancho desde el inicio del disco con “Splendor Demon Majesty”; primeros segundos de distorsión, guitarras chillonas y uno de esos riffs que te dejan pegado al ritmo durante toda la canción, exponiendo que los años entre su debut y hoy no hicieron mella en la voz de Längqvist, además de algunos arreglos de teclado que contribuyen a generar una atmósfera apesadumbrada (presente también en los tracks 3 y 4).

Siguen con “Under the Ocean”, de ritmo cambiante, siguiendo esos tres tonos tan simples como pegadizos, con un bajo y guitarra rítmica bien gruesos, perfectos para enganchar con “Astrolarus – The Great Octopus”, casi un hit instantáneo: pesadumbre a medio tiempo acompañada por la melodía vocal de Johan que recuerda a los mejores momentos de Sabbath, para luego despuntar en un espectacular solo cortesía del maestro Tommy Iommi en persona (como invitado). Luego llega “Bridge of the Blind” el tema más lento del disco, melancólica y una de las mejores piezas acústicas que puedas escuchar en un disco de doom.

Vuelve a subir la intensidad con “Death’s Wheel”, otro de los puntos fuertes del disco con un riff y estribillo que se te clavan en el cerebro, para luego dar paso a “Black Trinity”, la canción diferente del disco, más stoner, que aunque suena bien (no es una mala canción en lo absoluto), parece algo desencajada con el resto del material. “House of Doom” es la pieza épica, adornada con pasajes con órganos y campana incluida (clara referencia “sabbatera”), seguidos de un mini solo tan filoso como gruesos los acordes con los que termina. Por último,“Omega Circle”, la más larga del disco, baja los decibeles sin perder efectividad, y es sencillamente pegadiza.

En resumen, el universo nos permitió disfrutar de otro álbum de Candlemass, que sin reinventar la rueda, nos regala 48 minutos de doom, quizás no tan épicos como otros de sus trabajos, pero con esa onda lúgubre y metálica que cuesta encontrar sin caer en el tributo.



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▶️  Texto: Leonel Ybarra