PostalesDeEntreTensión #4

Desde el pozo profundo del under (o un mazazo para un desprevenido como yo).
Por Andres Ezsanch.




Estábamos hablando de la autogestión. De que comienza en casa. Qué más claro ejemplo, decíamos. De la cantidad de situaciones que podíamos generar. De las bandas que pensábamos traer. De todo eso hablábamos mientras repulgábamos las 36 docenas de empanadas que habíamos vendido. Nos quedaba hornear y repartir. Seguramente era mediodía y en la cocina sólo éramos tres personas, sin contar a mi hermano que nos repartía los pedidos. Esas empanadas eran para costear los gastos de la banda que ya estaba casi viniendo. Esa banda era (es aún) She Devils, la banda de Patricia Pietrafesa, Pilar Arrese y Lula (después ingresó Inés). Una banda que nos (o ¿me?) removía el cuerpo; desde el mensaje, de la acción, de todo aquello que tenía (y tienen) para decir. Y de todo aquello que generaban no sólo con la banda sino también con los fanzines (el fanzine Resistencia de Pat sigue siendo de los que más he leído y disfrutado), los ciclos de cine, las cintas compartidas, el hincapié en la autogestión, el contacto entre bandas. Y tantos etcéteras más.

Unos meses antes del interminable repulgue había hablado por teléfono con Patricia por primera vez después de estar escribiéndonos cartas durante bastante tiempo. Cuando se llegaba al teléfono, por lo menos para mí, era que estábamos cerca de concretar algo importante. En este caso, su venida al sur. Creo que por intermedio de Carlos Nekro (que habían pasado con los Fun People de gira por estos pago) o quizás por Leo de El Cuervo, o puede que por el carteo. No lo recuerdo, pero habíamos entrado en contacto con la intención, seguramente, de recibir material y tratar de que se vengan a tocar por estos sitios. Todo cuadró para mí cuando en el trabajo que tenía en aquel entonces me dieron la semana que me debían. Sin pensarlo emprendí lo que era una cuasi excursión. Saqué pasaje a Buenos Aires en la peor empresa de colectivos que existió por estos pagos, El Pingüino. Pero muy a pesar de las eternas horas de viaje allá me recibieron Ale, Natta y sus amigos en Ezeiza de una manera esplendida, diría. Mucho punk español y muchos densos nubarrones. Otro Cuervo me recibió en Monte Grande, Leo. Y para cerrar esos pocos días Pat de She Devils lo hizo en Capital. Ahí pudimos medianamente esbozar su venida para el sur. Recuerdo entre, otros, nubarrones que el día que llegué a su hogar tenían una fecha por la noche. La casa estaba colmada. Iban y venían personas. Ahí también vivía el Nekro y Fun People se estaba yendo de gira esa misma tarde. Por la noche arrancamos a un lugar que al día de hoy sigo sin tener idea dónde era. Un bar, de eso estoy seguro. Y unas escaleras que bajaban. No es del todo claro mi recuerdo pero sé que me senté en unos sillones a los costados y me entredormí hasta que comenzó a tocar una banda. Era Dios, la banda de Notcheff, Aldana y Amodio. Era Dios, o un mazazo para un desprevenido como yo. Creo yo no saber muy bien quienes eran, o sólo de nombre los tenía. En un momento quedé bastante perplejo. Fue cuando vi que el baterista le pegaba a unas chapas o plato bastante destrozado. Fue raro para mí con mi cabeza de punki jipi metalero ver una banda sin guitarra. Asombroso descubrimiento al que caí años más tarde. Después tocó She Devils. Y mi único recuerdo es que había mucha energía en su tocada. Mucha eh. Terminaron de tocar y volvimos a su casa/sala/estudio. Al otro día emprendí el regreso con la seguridad de saber que She Devils tenía que tocar en mi ciudad. Y así lo hicimos. Pero pasaron unos meses antes de poder concretar.


En el verano del dosmil nos fuimos con Ariel (el guitarra de Daelsol) a yirar un poco por la costa y el conurbano bonaerense. Estuvimos en Mar Del Plata, y aunque hasta hoy nos preguntamos cómo y por qué llegamos ahí no nos lo podemos responder. Esto es un bonus track intrascendente pero son esas cosas que suceden de manera inesperada. “Lo insospechado acecha” decía un amigo. Terminamos en la sala de Mal de Parkinson, una banda de la que no conocíamos ni un tema pero que nos hicieron pasar una tarde estruendosamente divertida en esa carnicería abandonada que oficiaba de sala de ensayo del clan Parkinson. Seguimos rumbo a, nuevamente, Ezeiza. Hicimos un alto en la casa de Alejandro Rodríguez, al que antes nombré como el bajista de El Cuervo, ese mismo. Alejandro es de esas personas que te trata amorosamente aunque apenas te conozca. Así la definición más acertada. Esa y todas las veces que pasé/pasamos por allí me/nos trató con una calidez que sentí en pocos humanos. Él, Natta y sus amigos (que se transformaron en nuestros amigos) hicieron días hermosos de ese viaje. Desde ahí nos movimos por distintos lugares. Volví a la casa de Patricia otra vez. Era un hervidero Capital. No sabía cómo llegar. No sé cómo pero reconocí la calle, la casa, y el sonido de un ensayo allá muy al fondo. Como siempre había mucha gente. Compartimos parte de la tarde y nos fuimos. Esta vez estábamos seguros de que She Devils viajaban al sur en un par de meses. Son esas alegrías que son difíciles de definir. Había que pensar cómo juntábamos algún billete para amortiguar el viaje, la comida. Buscar lugar. Eso que pasa siempre.


No teníamos muchos medios para conseguir dinero es así que nos pusimos tres de los cinco que tocábamos a vender empanadas. Hay que imaginar una gira financiada por la venta de empanadas ¿no? Conseguimos el lugar para tocar. Un bar céntrico con ínfulas de rockero. Era en ese momento casi lo mejor que podíamos tener. Acordamos la entrada gratis (sí, gratis. Qué delirio), y buscamos una fecha en Trelew para que fuésemos tod-s junt-s (ahí conectamos con dos herman-s que llevaban adelante un fanzine). Conseguimos un colectivo muy barato y cobramos $5 (¿o $2?) la ida, vuelta y entrada al recital para quién se quisiera sumar. Claramente queríamos perder plata. Como si fuese poco sumamos una murga al recital de ambos lugares. Nunca entendí que pasó por nuestras cabezas para hacer esto. Si lo pienso ahora digo que fue casi como una gira. O podría decir que es y fue lo más cercano a una gira que tuvimos con Daelsol. Duró un fin de semana. Primera fecha en Madryn. El bar céntrico y bastante antro que reventaba de gente. Claro, era gratis. Pero las caras de muchas personas cuando subieron las She Devils valieron todo el esfuerzo. Creo que alucinaban. Dos mujeres al frente gritando y arengando. Desparramando garaje punk con proclamas incendiarias. Ni recuerdo como terminamos esa noche pero a las 17 horas del otro día estábamos tod-s firmes en la plaza del pueblo esperando el micro que nos transportaría a la ciudad vecina. El viaje en colectivo a Trelew merecería otro relato. El bondi ni siquiera era de línea, y supongo que lo utilizaban como casilla.
Éramos unas 30/40 personas apretujadas bebiendo y hablando sin parar. Efusivas. Muy pocas habían pagado y cada quién iba haciendo lo que le parecía. Llegamos viv-s. En Trelew tocamos (lo organizaba el fanzine María Puede Ver) en el Comedor Universitario con los ya míticos trelewenses de Planter. Gran banda, y buenos compas. Hace poco volví al Comedor (un lugar en el que tocamos muchas veces). No podía creer que en ese cuadrado entrara tanto: un escenario, una barra y unas ¿150 personas? saltando. Yo intuyo que desconecté ahí mismo mi cabeza, mientras subía los equipos al colectivo o volviendo en ese micro lleno de gente durmiendo donde pudiera acomodarse. No tengo recuerdos ni registro. No hay fotos ni videos. No hay estados de whatsapp o posteos inmediatos. A mí me queda esa sensación de apuro por entregar las empanadas, contar los billetes y saber si nos alcanzaba. Hacer los afiches en la casa de una amiga y salir a pegarlos. Buscar un locutorio y combinar con Pat la llegada. Cambiando alguna palabra es como decía Loquero, lo hacíamos “desde el pozo profundo del under”. Pero ni sabíamos lo que era eso.-