PostalesDeEntreTensión #1

Fotocopias, cartas y música. Un revoltijo para inadaptados*. 
Por Andrés Ezsanch.



Estoy seguro que PostalesDeEntreTensión fue concebido antes de que su nombre aparezca. Quizás en noches de caminatas, quizás en el duermevela de los días que se vivían sin rumbo fijo. No me lo pregunto, lo supongo. Eran y son esos relatos que dan vueltas buscando que el entramado tenga un correlato algo parecido a lo sucedido. Que estén vivos. Que un- pueda estar ahí mientras recorre las palabras. PostalesDeEntreTensión lo que intenta, además, es rescatarme del olvido. Amasándolo entre anotaciones mentales intento conseguirlo. Lugares, personas, espacios, sonidos, recortes, sensaciones, viajes. Eso, todo eso, con el tufo del lugar que habito. Porque la búsqueda, si existe, es que sean relatos con la musicalidad del entorno. De ese entorno que se traslada de la meseta al mar, y de este a la montaña. Subiendo a las rutas, vivenciando en las grandes urbes, y retornando a lo ríspido del paralelo 42°. Más o menos así, pero entremezclado. Como la vida misma. O como las imágenes y palabras que siguen llegando. 

Estamos a mediados de los noventa; ´94 o ´95, esos años. En Puerto Madryn, o perdidos en algún lugar de la tierra extensa. Tengo el recuerdo que pasaban el documental de Mano Negra, Amerika Perdida, en algún sitio que no supe retener su nombre. No fui a verla. Pero un amigo me pasó una revista que se había comprado, en una pequeña feria que montaron quienes proyectaban. La revista era la Juventud Perdida, una publicación que emanaba el pensamiento activo que se necesitaba en esos días; y ahora, claro. Al leerla escuchabas un megáfono, de esos que te levantan del letargo en el que te encuentres. Ese debe haber sido unos de los primerísimos encuentros con un fanzine. También por esa época frecuentaba un negocio de un ex punk, como él se sabía nombrar. Tenía una parte de su vida en venta: vendía discos, cassettes, fanzines entre tantas otras cosas. Ahí también me encontré con la Juventud Perdida, y otras: la Rebelión Rock, Resistencia, Bs As Desorden, Mundo Inmundo, Buenos Aires Underground, Mi Pueblito, La Letra A, Hasta Morirla; y así, leyendo fanzines viejos, fui reconstruyéndome la historia no sólo de publicaciones sino también de personas, espacios y situaciones. De ese lugar me llevé bastante. Entre otras, la idea de hacer mi propia publicación. Ya me carteaba, ya tenía un panorama de cómo estaban las cosas en el micro mundo que me interesaba; y eso sumado al contexto en el que estaba viviendo, la precarización en todas sus formas. Así sale el fanzine Daelsol a la calle (o al correo la mayoría de las veces). Casi al mismo tiempo armamos la banda que también nombramos Daelsol. Y así es como también se van dando esos lazos, muchas veces de hermandad sostenida en el tiempo; y en la distancia. Ahí es donde todo se mezcla: los fanzines, las bandas, programas de radio, grupos de teatro, poetas. Personas con intereses similares. En el primer recital que tocamos conocimos a Volcaninka (heavy metal de Trelew), y La Banda del Cuervo Muerto. Volcaninka organizaba todos los años “El último día de libertad aborigen”, un festival que cerraba toda una serie de actividades propuestas por el Colectivo en el mes de Octubre. Ahí ya estábamos sabiendo que las cartas eran la necesidad y el recurso que teníamos a mano. En ese mismo lugar conocí a Pablo Calfunao, que hacia Alfalfa. Y a Javier, el Llanka (que hoy toca en Que Risa!) y que creo en ese momento estaba en Legión Sur, el fanzine. Ambos en una cooperativa de bandas en la que también estaba Fabián “el Vikingo” Colueque, socio fundador de Volcaninka. De Trelew recuerdo además del Legión Sur y Alfalfa al Poor Booy, Kojito Ergo Sum, la cooperativa antes mencionada que trajo a Detenido Desaparecido, Argies, Mayhem. Seguro me estoy olvidando de tantos más. Con ese panorama ya era mover el fanzine tocando, era encontrar cómplices a pocos kilómetros del terruño. Seguir con las cartas, con los intercambios, copar las plazas para recitales, activar contra la represión policial, cine-debates. Madryn sonaba a punk y heavy metal. Pero esa es una percepción que vale para todos los días. Mis ojos estaban ahí. Era lo que yo veía. Pero en todo caso estaba bueno lo que estaba mirando. Se me viene a la cabeza Atila, que después se transformaron en Ak-Bar. Buen heavy metal clásico ambas. Otro que se me viene a la mente es el fanzine Rompiendo Cadenas, de temática heavy, hecho en Puerto Madryn. Siguiendo con las bandas tenemos a los hoy ya míticos en el pago Dosis Punk, los extintos pero recordados UFA. Como en cualquier urbe hay barrios determinados por tal o cual cosa. En Madryn, el barrio Covitre era la cuna de bandas punks barriales. Esas onda Flema, Mal momento, o Expulsados. Aunque a decir verdad ese era el sonido punk que tenían casi todas las bandas de la ciudad. Nosotros estábamos en otra historia, distinta. Nos gustaban los vascos Negu Gorriak, Bap!, Esan Ozenki, los catalanes de Subterranean Kids, Fugazi, Dischord Records, Eduardo Galeano, los Zapatistas. Eso era punk pensábamos. Íbamos por ese carril. Y ahí el fanzine cumplió lo que tenía que ser. Un contrabandista de ideas, como decían los Negu. Ideas que intentamos replicar, y difundir con la humildad de quienes viven en un pequeño pago en el sudeste del sur del mundo.



Buscando los fanzines patagónicos para este texto me encontré con otros de distintas latitudes. De los que guardo el recuerdo pero pocas veces los hojeo. Lo hice el otro día. Repasé Marzo del ´76, el fanzine de Matías. Que también cantaba en Marzo del ´76, la banda. En la correspondencia eran de esos que esperás sus cartas. Las de Pablo de Mundo Inmundo también eran geniales, y estoy seguro que deben seguir siéndolas. El Mundo Inmundo era impactante. Poetas, escritos, contactos, declaraciones. Recortar y pegar, blanco y negro, y esos dibujos-collages viajeros. El Falsas Esperanzas era otro que me dejaba repreguntándome varias cuestiones. Resistencia ‘zine y todos los que hizo Patricia eran los que te daban ganas de salir corriendo y armar algo. Un fanzine, una banda, distribuidora-sello, colaboración, lo que sea. Ya hablé de la Juventud, pero algunos de ellos y otr-s agitador-s armaron una revista con el mismo sentimiento que si fuese un fanzine. Aguanegra, imperdible. Una frase devastadora de Leonard Cohen en la tapa (“He visto el futuro hermano, y es un asesinato”). Aguanegra salió en blanco y negro. Y eso también me ayudó a que la vea como un blues de Tom Waits. Era una vuelta de tuerca a la politización del fanzine.

Pero bien, retomo, en esos mediados de los noventa y principios del dosmil. Entre esos años la actividad fanzinera no creció mucho a mi entender. También hay que tener en cuenta que no tenían periodicidad y que los proyectos se diluían muchas veces no sólo por la falta de interés sino también por una realidad que te atrapaba en sus obligaciones y en la crisis económica que vivíamos. El Daelsol zine tuvo dos números y varias gacetillas. Entre uno y otro pasaron un par de años pero lo complementábamos con el carteo con otr-s compañer-s de acá o de afuera. Se complicaba un poco con la dirección postal. Y es así que decidí ir por la casilla de correo. Una casilla que mantuve varios años, la 54, y la cuál de alguna manera me dio muchísimas satisfacciones. Discos, fanzines, hojas de distribuidoras, periódicos, esquelas, amistades. Era la fortaleza de saber que en muchos lugares había personas en la misma sintonía que uno. A muchas de esas personas las llegué a conocer, entablé una amistad, nos seguimos visitando o hablando. A muchas otras les perdí el rastro, o tengo noticias esporádicas. También esas mismas cartas nos permitieron viajar. No a tocar, que es algo que nos quedó pendiente. Pero sí conocer personas y experiencias. Y muchas vinieron. A tocar (La Banda del Cuervo Muerto, Fun People, Flor Mostaza, Asphix, She Devils, Farsa Realidad, Iwanido), o algún que otro editor a visitarnos. Fueron años agitados. Todo ese movimiento nos llevó a meternos en otras actividades. En movidas autogestivas. Así íbamos aprendiendo. Con el final de la banda pasé a otro estadio. Ahí me acoplé a otros amigos que comenzaban a realizar una revista. Primera Piedra. Antes llevamos adelante un suplemento en un diario local. Música y crónica. Algo tímido, pero crónica al fin. Dejamos eso. Me uní a esas fuerzas de la revista y fue enriquecedor desde otra óptica. Primera Piedra estaba perfilada a ser una revista que hablará de la ciudad y la zona, de su entorno, sus costumbres, sus personas. Ahí la película cambió. Y era como aquello que decía Fugazi. Fortalecer el medio donde vivís. O algo así. Eso mismo nos hizo entablar relación no solo con l-s entrevistad-s sino también con su cosmos personal. Y eso nosotros lo valoramos como un proceder punk, digamos. O trasladar todo eso de la música y los fanzines al cotidiano. Por aquellos años dejé de ver publicaciones casi de la zona. Quizás las hubo pero ni vi muchas. Primera Piedra duró lo que duran las publicaciones de este tipo. Cuatro números y un quinto que todavía conservo en un diskette. O algo que tengo perdido en un diskette. Ya no sé si se puede abrir. Con nuestros amigas y amigos atravesamos el dosmil uno en una barcaza frágil pero que nos mantuvo unidos. Juntos. Después salimos desperdigados. Y algunos terminamos en la cordillera queriendo otra forma de vida. De alguna manera los fanzines nos condujeron a eso. Allá hice Lo Insospechado Acecha, un pasquín que duró un suspiro y del que no hice más de veinte copias. No veía más allá de la montaña, pero vislumbraba que aquellos fanzines que antaño conocí habían desaparecido. Con éste no hice intercambio ni saqué casilla de correo ni mandé ningún sobre. Creo que el síntoma que tuve fue el mismo que tuvimos much-s. La individualidad en el vacío del individualismo. Pensaba lo mismo que pienso ahora. El partidismo político se había quedado con much-s. Me fui y edité muy lejos del sur Cavando Postales de Entretensión. Estaba en una ciudad grande. Y ahí a nadie le importa mucho lo que hace el otro. Pero me dio el nombre para uno nuevo. Y cuando volví al sur lo edité. Postales de EntreTensión. Volví a encontrarme con amig-s. Con muchos de ell-s de los viejos años. Con much-s de ell-s emprendimos nuevos proyectos. O continúan desde sus espacios en la tarea de colectivizar la palabra, los saberes, sus pequeñas riquezas. Much-s de ell-s vienen de los tiempos del Daelsol ‘zine. Los conocí por él, o por sus bandas, o sus programas de radio, sus grupos de teatro, su activismo. Así, marcados por la senda del házlo tú mismo o hagámoslo entre todos, seguimos escribiendo las líneas que nos quedan por decir. Con las herramientas que tenemos ahora, pero siempre volviendo a la fotocopia. De ahí venimos.

*El texto forma parte del libro Furia Fotocopiada. Historia incompleta de fanzines patagónicos (Kuruf/Cúlmine).