Entrevista a Mateo Baggio de taller de Remedios – Sello Cabello: discos caseros y artesanales





Mateo Baggio tiene 34 años. Respira arte y autogestión en la casa-taller de Remedios, en Escobar. Esa fue la cuna del sello Cabello. Además, toca en solitario y en formato trío en Nomateo y está a cargo de las luces en La Tumba del Alca, una de las bandas más activas del catálogo. En lo sucesivo, repasa la historia de ambos proyectos artísticos hermanados en el tiempo y en ideas, devela el modus operandi, habla del hazlo tú mismo, la organización de los ciclos Antiego y Kamikaze y todo su mundo artesanal. Imperdible.

—¿Primero vino el taller o el sello? 
—Primero está el taller, que es una idea que viene desde 2009 y lo inauguramos en 2010. Fue una idea personal, yo estudié en el IUNA, aunque no terminé la carrera en artes visuales. Ahí cada vez que pintás, te dan ganas de tener un taller. A fin de 2009 vuelve Ezequiel Jaime de México, un músico de Escobar muy zarpado que es de Escobar y estuvo allá como 10 o 15 años, y armamos Capo Choclo, un proyecto experimental, noise. De aquí surge la idea del sello. Fue como una reacción en cadena. Pintó hacer el taller de plástica y cuando armamos este dúo, la experimentación electrónica. El taller fue como el bunker de estas ideas.

—¿Por qué “Taller de Remedios”? 
—El taller está sobre la calle Remedios de Escalada pero también por la palabra “irremediable”. Veníamos charlando con Ezequiel y nos convenció ponerle “Taller de Remedios” y como subtítulo “Laboratorio casero e irremediable”.

—¿Qué actividades realizan ahí? 
—Con los años di clases de pintura, de grabado, de circuit bending o circuitos doblados, que es como la movida hazlo tu mismo pero en la electrónica. Esto de hacer tus aparatitos, pedales o intervenir un juguete y sacarle otros sonidos. Después surgió el proyecto de sello. Capo Choclo paró un poco y yo empecé a tocar por mi parte, entonces ya no doy clases. Si bien hoy ya no ofrezco una serie de talleres, quedó como espacio de consulta y de taller libre. Acá hacemos toda la gráfica del sello Cabello y otros laburos relacionados con la música.

—¿Qué técnicas usan? 
—Hacemos mucho grabado, que puede ser xilografía, que es tallado en madera, alguno en chapa también hicimos. Después imprimimos en blanco y negro con láser y encima lo coloreo a mano o hago sellos con otros detalles.

—¿Con qué ideas nace el sello Cabello? 
—El sello nace con la idea de grabar a bandas de la zona, que estén experimentando cosas, no de editar a las que ya tenían disco. Entonces surge un ciclo que se llama “piezas dedicadas”. Se invitaba a una persona o banda a que arme una pieza musical para presentar en vivo en el taller. Ese día la grabábamos con Depto Records y luego en el Taller de Remedios hacíamos la edición gráfica. A los 5 o 6 meses se presentaba la edición terminada. Ese día tocaba de nuevo y presentaba la pieza número 2. Y así seguía la cadena. En total hicimos siete ediciones, que es un montón porque eran 2 discos por año. Sacábamos tiradas de 100 ejemplares con algunas particularidades, como cartón doblado, caja de pizza, sachet de leche, otro traía pasto. La onda es editar cosas donde uno participe, o sea, si no tenemos participación desde la grabación o desde la gráfica, preferimos no tomarlo. Por ejemplo, el disco de Persona hicimos la gráfica acá y lo coeditamos junto a Monki Albino y Venado Records.

—¿Cuántas bandas hay en el catálogo del sello y en qué soporte editan? 
—Está Capo Choclo, Puré viejo, Sopa de Gaviotas, Persona, La Tumba del Alca, Nomateo, Elcho el que tira los claveles, Carlos Alonso de 1X1, Chuly, tecladista de la Tumba, Matías Morande, una zapada de Lou Bauman, entre otros. Casi todos son en CD-R. Pero detrás del sello y la música está la idea de que el CD ya fue, a pesar de que por ejemplo, La Tumba del Alca y Persona sacan su disco legal y lo replican. Me importa más hacer ese objeto gráfico. Con respecto a la distribución, hacer 1000 copias todas juntas no tiene sentido. Hay como un engaño ahí. Porque son los números que te pide la industria. Si querés hacer 500, te salen casi lo mismo que hacer 1000. En Argentina no hay un mercado para esa cantidad. Si vendiste 300 discos en un año es un montón, ¿y qué haces con los otros 700? Creo que el 70% de la bandas termina teniendo los discos en su casa. Es mucha plata la que se gasta. En cambio, hay otra forma, que es de acuerdo a la necesidad.

—¿De dónde viene esto del hazlo tú mismo? 
—Cuando empecé con esto del noise con Capo Choclo, fue abrir un walkie talkie, meterle los dedos mojados, poder manejar esa materia sonora y ver que desde ahí podía construir algo, me gustó mucho. Desde esos sonidos podes construir una canción. Capo Choclo, Puré Viejo, Matías Morande, Chuly, los discos de Nomateo, tienen su espejo, están en una línea muy experimental o de improvisación. Hazlo tú mismo no ligado a gente que lo milita más, a una línea independiente, de software libre también, con más argumentos. Lo contrapongo a eso, lo manejamos de una manera más plástica, sin tanto sustento teórico.

 —¿Qué cosas tiene que tener una banda para que sea editada por el sello Cabello? 
—Nos tiene que gustar y se tiene que generar un vínculo. Que trabajemos algo en conjunto. Hay casos donde las bandas sacan un disco y nos encanta, pero si no se da el espacio de trabajo juntos, no terminamos participando. En las “piezas dedicadas”, la primera tirada de discos las hacía solo pero después había un momento donde la banda venía y laburábamos juntos en el grabado, el armado. Para otras cuestiones hay otros sellos, no es solo si me gusta o no. Tiene que haber un espacio de trabajo en común en algún momento.

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 “Cuando empecé con esto del noise con Capo Choclo, fue abrir un walkie talkie, meterle los dedos mojados, poder manejar esa materia sonora y ver que desde ahí podía construir algo, me gustó mucho. Desde esos sonidos podes construir una canción”.
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—¿Qué implicancia tiene el taller y el sello Cabello en la organización del festival Antiego? 
—Digamos que lo organiza La Tumba del Alca, el sello y el taller. Ésta va a ser la cuarta edición. Es en las afueras de Escobar, casi llegando al campo, al aire libre, tocan 20 bandas, se arman dos escenarios, una feria larga y buffet. Esto nace porque los pibes de la Tumba en el primer año que se hizo les pintó tocar con todas las bandas que compartieron escenario. La idea es tocar 15 minutos cada uno, todos con el mismo set, los que temas que te alcancen en ese tiempo. El funcionamiento es como el del sello, se mantiene esa cosa de vínculos. 

—¿Y el ciclo Kamikaze? 
—Íbamos a hacer una gira a La Rioja y organizamos una fecha para juntar guita. Ese fue el puntapié del ciclo Kamikaze. La idea es traer la movida acá, que toquen dos bandas de Escobar o alrededores y otras dos de más allá, de lejos. Los primeros se hicieron en un bar y después en Maschwitz, que está a 5 kilómetros, en un centro cultural, un espacio muy copado que recuperaron unos chicos en la misma época del taller. Se llama “colectivo cultural” y era un antiguo cine que estuvo abandonado como 30 o 40 años. Este ciclo se hace cada 3 o 4 meses.

—¿Qué banda te llamó la atención en este tiempo y te gustaría editar? 
—Paso viejo. No sé bien de donde son, si Olivos o Beccar pero me gustan mucho. Por el lado de las canciones, me gusta Miguel López que es un chabón de Mendoza pero que vive en Capital .Hace canciones, toca el bandoneón y le gusta la movida de hacerse sus amplis, sus distorsiones, pedales. Me siento muy cercano, eso de rozar el noise y hacer una canción con un sonido sucio de esos amplis valvulares caseros.

 —¿Qué otros espacios conocés similares al taller? 
—En cuanto a espacio, me dijeron del Estudio Quinto en Burzaco creo, que es una casa que organiza movidas. Por otro lado, están los chicos de Hornero Ediciones que vinieron al taller de grabado acá, son de Garín, y hacen una onda artesanal. Hay una biblioteca en Escobar que ahora se llama “20 de diciembre” y organizaban un ciclo que se llamaba “reciclo de poesía” y habían empezado a editar libritos con cartón, grabados, xilografía. Hornero está haciendo eso ahora. De hecho, presentamos un libro de ellos acá, de Facundo Biaggoni que toca el bajo conmigo en el trío Nomateo. Hay otros proyectos de ediciones de libros o discos caseras, pero sucede que no es tan integral o nace de alguien particular pero después termina muriendo.

—La parte comercial del sello, ¿se da exclusivamente en ferias o tienen otros canales de distribución? 
—Este año salió el disco de Nomateo, el de la Tumba del Alca y el de Los Tenistas, que es otra banda de Escobar. Estuvo buenísimo pero al mismo tiempo intentar que eso no desaparezca, es un laburo. La venta es sobre todo en ferias y muchas de las bandas que editamos no tocan más. Y esos son discos más difíciles de vender. Hay unos chicos que se llaman Que Moderno Ediciones que andan con valijas en ferias y siempre tienen material del sello Cabello. También están las ferias en GBA de Villa Adelina, en el Salón Pueyrredón, que está Lozi Lozano, los chicos de Cuco de La Plata con Caracol Rojo y después por Escobar nos manejamos con esa idea de maletín de discos. Parece que no, pero de esa forma el material está en varios lados.

—¿Cómo ves el contexto cultural y político para llevar adelante estas movidas? 
—Por el lado independiente y autogestionado está bueno, pero cuando te querés meter un poco más legal, cuando querés hacer más visible otra parte de la cultura, ahí ya te corren, te censuran. Por eso no intento ponerme a la par, sino de aceptar que somos más marginales, si se quiere, o que nos movemos más subterráneamente y no entrar en esa. No sé si hay mejores o peores momentos que otros, siempre intentan clausurar centros culturales o cualquiera que quiera hacer circular otra información. También tiene que ver el tipo de movida que haces y en el barrio que estás. Cuando un vecino te denuncia, fuiste (risas).

—¿A dónde aspirás llegar con el sello? 
—Como punto más cercano, intentar mantenerlo, estabilizar la producción de discos, que la misma pueda cubrir los gastos de trabajo. Hoy en día ni el taller ni el sello son autosustentables. Yo tengo otro proyecto más comercial que se llama Viva Raúl, de cerveza artesanal, que me permite sostener un poco la actividad del sello. A largo plazo, me gustaría que más gente se cope, que se forme un equipo estable de trabajo para producir gráfica.

—Mateo, muchas gracias por tu tiempo y dedicación. Si le tendrías que dar un consejo a un joven que se quiere meter en el mundo editorial, de hacer discos, tocar, ¿qué le dirías? 
—Que vaya tranquilo, que se meta de una. Que lo vea desde la parte colectiva para que tenga sustento a largo plazo, para que no dependa de una sola persona. Hacerlo perdurar en el tiempo es otro proyecto y eso es de lo más difícil.-

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Créditos: fotos por Mateo Baggio.
Próximas movidas: Festival Antiego