Diario de viaje: Drone Celebration @ Club Plasma


De una manera u otra, a menudo está en el aire esa idea de que siempre hay alguien que lo hizo primero. Nos pasa con la música, pero también se extiende a la historia, al arte, la cultura. Al menos quien escribe, desconoce si hubo antecedentes u aproximaciones a festivales de este subgénero mutante denominado drone, que parece rayar la indefinición, la abstracción y el minimalismo. Más de 30 km de distancia entre Morón y Club Plasma no fueron obstáculo suficiente para desertar a la primera celebración drone en Buenos Aires: dos escenarios, 10 artistas y uno de ellos internacional.

Ectoplasma fue de la partida, un triangulo lisérgico sublingual que nos hizo alucinar con sus proyecciones visuales analógicas, en vivo y en directo, mezclando tintas, colores, aceites y luces. Tremendo. Acto seguido, las mentes y oídos inquietos detrás del sello Zann´s, Fernando Suárez y Manuel Platino, también conocidos como Life, hicieron público su amor por Godflesh y los sonidos industriales opresivos, vientos disonantes y guitarras histriónicas en clave punk.


La noche estaba en pañales y ya los chicos de la barra no entendían lo que estaba sucediendo tanto arriba como abajo del escenario: matas de cables y pedales habían crecido como baobabs en un suelo que no estaba acostumbrado a esta clase de vegetación. Con un cronograma sincronizado casi a la perfección, la nutrida convocatoria no tuvo descanso: bajar y subir escaleras en cada acto y encontrar música al final del último escalón fue la constante de toda la noche.

El ex Dronevil, Adriel David, hizo lo propio con Lion Spirit Drifter calentando las baldosas y quemando loops y flores que iban a conectarse con el sorpresivo debut en solitario de Juan Manuel Díaz, guitarrista y cantante de Humo del Cairo, bajo el seudónimo de Errante. De negro y prácticamente de espaldas a la audiencia, mostró su lado más oscuro y experimental, logrando una reversión de “Monte”, entre acoples y sintetizadores. En el escenario de planta baja, Pandelindio y su camarada Diente de Madera fusionaron música y culturas de Oriente Medio con las del sur rural de EE.UU. Fueron 30 minutos de quietud espiritual que dejaron en estado meditativo a los que rodearon su performance. Una experiencia inédita realmente.



Cuando se inclinaba la madrugada, un viejo soldado del underground se hizo presente: Sergio Ch., mítico vocalista y guitarrista de Los Natas, Ararat, entre otros proyectos, se adueñó del escenario superior para ejecutar su autodenominado drone set. Él y su guitarra reversionaron pasajes de la última época de Los Natas como “Ganar-perder” hasta lo más oscuro de Corsario Negro con “El cono del encono”, pasando por su material solista “Aurora”. Sin dudas fue, junto a Pandelindio, de las propuestas más analógicas y acústicas del festival.

Desde las cenizas de Sarghuma Incoxis, Alejandro Gómez, guitarrista de Dragonauta, presentó su nuevo proyecto en solitario Öö, un compendio de armonías y arpegios tan escalofriantes y profundos como bosques escandinavos. Se apoyó sobre alguna que otra base digital, pero su enorme guitarra fue la protagonista del set. Muy interesante. Arriba, las luces multicolores ponían en evidencia un escenario repleto de pedales: fue el indicio de que Eric Quach, a.k.a thisquietarmy, estaba entre nosotros. El artista canadiense, que no disimula su herencia vietnamita, peló un arsenal de efectos que dejaría embelesado a cualquier fan de la experimentación sonora. A base de sus kilométricos mantras, TQA recolectó las mejores semillas de cada uno de los lugares que visitó y vino a plantarlas en estas tierras fértiles, para que la pequeña huerta drone de a poco le gane terreno al concreto de la ciudad. Gran paso de thisquitarmy por Buenos Aires.



El espíritu folk y solitario de Legión fue el comienzo del fin de la fiesta; bien entrada la madrugada, Bhutan, demostró nuevamente porqué es el exponente local más activo y creativo en cuanto a drone, noise, ambient se refiere. El trío que forma parte del sello Venado, recorrió de punta a punta su inminente nuevo material “Vexations”, que se espera para mayo, mismo set que sonó en Niceto Club en septiembre pasado cuando compartieron escenario con los japoneses MONO. A diferencia de su primer y único registro hasta la fecha, las nuevas texturas drone/noise tienen forma de post-rock, shoegaze, dejando de lado el doom negro y corrosivo. Pasadas las 4 AM, Bhutan interrumpió abruptamente sus bajas frecuencias y el público respondió con un largo aplauso aprobando la performance de la banda y el festival en todo su largo.

La vuelta a casa fue eterna. Los últimos árboles en la oscuridad se sacudían para que los primeros pájaros dialogaran entre sí entre sus extensas ramas. Sentirse vivo a esas horas fue una buena señal. Una gran experiencia. Agradecido, una vez más.


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Fotos: Diego Toledo.