Yawning Man @ Club V

...Y los vientos del desierto soplaron en la ciudad

Fecha: Sábado 20 de junio de 2015.
Invitados: Hijo de la Tormenta y Viaje a Ixtlán.

En una de las semanas más frías del año, la fuerza de los vientos del desierto de California trajo consigo por primera vez al trío Yawning Man, con los históricos Gary Arce y Mario Lalli en su formación. La banda fue la que comenzó con todo esto del desert rock o stoner rock allá por 1986, sin embargo, como sucede en muchísimas ocasiones, los laureles, la fama y las tapas de revistas fueron para otros: aquellos que, vaya paradoja, crecieron escuchando su música.


Hijo de la Tormenta apareció cuando los rayos de la tarde caían para convertirse en una noche fría. La joven banda cordobesa, nueva carta en el catálogo del sello Venado Records, hizo un set mucho más calmo que la última vez que los vi, en este mismo escenario. No deben existir muchas bandas encuadradas dentro del stoner rock que se la hayan jugado con mechar algún contenido político en su obra. Sin embargo, Hijo de la Tormenta si lo hizo y pueden remitirse a “Alienación”, donde las palabras del anarquista español Buenaventura Durruti se amalgaman a su cóctel de rock espacial y pesado. Con su primer larga duración bajo el brazo, no ocultan su amor por las violas saturadas, los bajos graves y los pasajes intimistas. Sólo el destino sabrá si los caminos los llevarán a recorrer nuevos planos o a zambullirse en las arenas movedizas.


Hablando de caminos, era el turno de Viaje a Ixtlán. No hay secretos aquí: se trata del trío Narcoiris más Javier Romani en bajo y llevan en su lomo el nombre de uno de los libros sagrados de Carlos Castaneda. Su música intenta llevarnos bien alto, como la obra entera del antropólogo lo amerita. Riffs y climas triperos, sintetizadores mediante, mucho corazón y algunas melodías áridas encierran un punto de vista distinto a lo que hacen en su otro proyecto. En los próximos días saldrá su nuevo material "Vol. II". Me dejaron con ganas de volver a verlos.

Casi 30 años en la ruta. Muchos de los presentes no habían nacido cuando Yawning Man ya zapaba en el desierto. Las enseñanzas comenzaban a desplazarse entre las almas que coparon Club V como nunca antes lo había visto. Simpleza, humildad, honestidad. Estar tan lejos de casa no es fácil, no es para cualquiera. Venían de tocar en Chile y ahora los teníamos ahí, a menos de un metro: si mirabas a la izquierda, las cuerdas de Mario Lalli te comían las neuronas; si girabas a la derecha, Gary Arce te hipnotizaba con su reverb.


Gary, un guitarrista que acarició sus cuerdas sin púa alguna, nos dejó una gran lección: no repetir patrones, desarrollar un estilo único. Crear, recrear, reinventar, reformular, arriesgarse. La música sin riesgo, es como ir y volver todos los días pisando la misma baldosa. En el pit, los cuerpos desprendían humo y ácido de sus pupilas que pedían saliva y fuego, para poder seguir el recorrido de los dedos de Lalli y Arce y los tones de Bill Stinson. La iluminación fue un factor clave: luces rojas y azules se turnaban y combinaban para enmarcar un escenario que, por momentos, se puso 3D, sobre todo a la hora de “Dark Meet” y “Underwater Noise”, piezas oscurísimas extraídas del split con Fatso Jetson, de los grandes highlights del set.


Hubo tiempo y espacio para un nuevo track llamado “The Wind Cries Robin Linn”, que tentativamente será parte de nuevo álbum. Escalar un cerro, intentar durante horas llegar a un refugio de montaña o sobrevolar la cordillera de Los Andes: Yawning Man es la música del desierto, de las rocas, pero también de los mares, de los atardeceres, de la ruta, de las caminatas y de pedalear cuando asoma el sol en la mañana.

"Blue Foam" fue la última brisa desértica cuando aún era sábado, sensación que me quedó dando vueltas por un rato largo mientras volvía a casa. El mundo fue un poco más justo mientras el show, histórico y emotivo, duró. Luego, la rutina se encargó de acomodar las cosas. Naturalmente, lo llamamos normalidad.


Fotos: Gottes de Baires.