TAURA @ El Sótano



El mundo parece desteñirse, aún en plena eclosión de los colores de primavera y la inminente llegada del verano, con la edición de El Fin del Color, tercer LP de Taura. La cita se dio en El Sótano, también conocido como Unione e Benevolenza, lugar inmejorable para que los sonidos que emana el cuarteto puedan explayarse en plenitud. 

Tras el paso fugaz pero intenso de los soportes Late Night Condition y Cuadros Invitados, todas las miradas posaron sobre Gabriel “Chaimon” Raymondo, soldado sobreviviente de místicas y duras batallas en el underground porteño bajo los nombres de Vrede, Manso Jeremías y San Diablo. Las presentaciones de los discos, por lo general, suelen dejar en offside a un público que, por lógica, desconoce el nuevo material; pero la banda utilizó las diversas plataformas que ofrece la web para que las distancias no sean tantas. Los nuevos No Luz y Dos fueron de la partida en una noche sumamente calurosa en Buenos Aires, donde un interesante número de seguidores se acercó hasta el reducto de la Capital Federal. 




Los tracks se sucedían uno atrás de otro, prácticamente sin tiempo para su digestión. Así llegaron Mi Mejor Lugar, A Cántaros, Aconcagua y La Venganza del Sol , melodías sentidas desde lo más profundo de las vísceras de Chaimon, quien se sacude, gesticula y deja el corazón en cada historia, utilizando su micrófono cual daga para contarnos esos relatos poco felices. Santiago García Ferro, responsable de la oscuridad y melancolía contenida en la música de Taura, ha desarrollado un notable y particular estilo en las seis cuerdas, mientras que Leo y Alejo aportan la motricidad necesaria para que los lazos invisibles fluyan y se retroalimenten.

En la recta final del concierto, presentaron Hombros abatidos, el cual debería ser el corte audiovisual del disco nuevo: devastaré, cada rincón donde hay dolor, lo arrancaré. Profunda, desgarradora y ganchera. “Todas las canciones son de amor” selló Chaimon, dejando claro que cada una y todas las cosas que producen y reproducen los Taura, salen del corazón sin importar las consecuencias. Muelle, una de mis preferidas de siempre y Mil Silencios cerraron un show cuidado, ajustado, emotivo y rockero. Afortunado y agradecido de haber estado ahí.


Fotos por Nora Ramirez.