ANNEKE + ANATHEMA @ Teatro Colegiales


Anneke van Giersbergen derrocha belleza, por donde se la mire. Su proyecto Agua de Annique, luego del alejamiento de The Gathering, le dio aún más protagonismo e impronta a su música. Lejos ya del cerebro René Rutten, Anneke sacó a relucir la chapa de gran artista, esa que aún sigue dando vueltas en las revistas especializadas. El secreto, parece ser ese trip rock tan particular que sobrevolaba en los últimos discos de los holandeses y que cautivó hasta a los más acérrimos fans del Heavy Metal. 

Mimetizada en pieles de leopardo y con esa sonrisa tan honesta como contagiosa, Fury fue de la partida, para rápidamente hacernos acordar de aquel viejo amor con Saturnine: ese terrible estribillo que reza “You don´t need to preach, you don´t have to love me, all the time” fue coreado al unísono por todo el teatro, que se venía abajo de emoción cuando la noche estaba en pañales. Anneke tomó su acústica y luego mostró sus dotes de gran pianista en Adore y Wonder, respectivamente, que hicieron lagrimear a más de un pelilargo; más tarde, logró montar su pequeño homenaje en vida a Devin Townsend con Hyperdrive, que devolvió a la tierra de un sacudón a todos aquellos que sueñan cada noche con van Giersbergen. Para el final, y sin esos bises que aburren tanto, sonaron Beatiful One, Lockey Away y Witnesses, dando como resultado un concierto impecable, emotivo y encantador, luego de poco más de 60 minutos sobre las tablas del teatro de Colegiales.




La excusa perfecta para girar nuevamente por estos lares era la presentación del genial We´re Here Because We´re Here, último material de la banda editado en 2010. El comienzo del concierto fue arrollador: como en el disco y en igual orden, Thin Air, Summernight Horizon y Dreaming Light rompieron el hechizo de los corazones fríos en la noche de Colegiales. Sobre todo ésta última, que me recuerda a High Hopes de Pink Floyd, hasta en el bellísimo solo Danny Cavanagh que parecía estar poseído por el toque de David Gilmour.

Vincent, su hermano, no paró de arengar al público, dejando el alma en cada nota y en cada palabra. A lo que la muy buena cantidad de presentes, felices, respondían con los clásicos cantitos futboleros que recorren el mundo y enloquecen a los artistas internacionales. A esta altura, las descargas hipnóticas y emotivas se sucedían unas tras otra, pasando por los eternos himnos como One Last Goodbye, Closer, Empty y la enseñanza de Duncan Patterson en la desgarradora Lost Control, hasta la anecdótica Release del disco A Fine Day To Exit, el cual omiten por completo en sus presentaciones en directo. 

Danny Cavanagh y su guitarra acústica fueron al frente para Are you There?, mientras el resto de los Anathema se tomaban un respiro para afrontar el último tramo del set. Flying, A Natural Disaster, Fragile Dreams y Comfortably Numb de Pink Floyd, reconfirmaron el alto calibre emocional de estos ingleses y redondearon una noche realmente inolvidable.

Anneke van Giersbergen y Anathema pasaran a la eternidad con sus canciones y serán gigantes cuando ya no estén. Al menos, un puñado de almas sensibles pudimos verlos y disfrutarlos una vez más. Conmovedor.